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El asalto a la razón

Ese grito es miserable

Carlos Marín

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“¡Puto!” es el rabioso grito con que muchos mexicanos intentan hacer fracasar al portero del equipo contrario al suyo.

“¡Indio!”, coreaban en los estadios españoles contra Hugo Sánchez (lo cual, por cierto, no le impidió alzarse con cinco Pichichis).

Gritar “¡puto!” entraña una carga homofóbica tan discriminatoria como cualquiera que denigre a las personas.

En México, la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación previene contra “toda distinción, exclusión o restricción que, basada en el origen étnico o nacional, sexo, edad, talla, discapacidad, condición social o económica, condiciones de salud, embarazo, lengua, religión, opiniones, preferencias sexuales, estado civil o cualquier otra, tenga por efecto impedir o anular el reconocimiento o el ejercicio de los derechos y la igualdad real de oportunidades de las personas”.

Alegar, como lo hace la Federación Mexicana de Futbol, que los brasileños adoptaron el insulto y le gritaban “¡puto!” al portero Ochoa es tan idiota como suponer que la ofensa es imparable por estar “culturalmente arraigada”.

cmarin@milenio.com

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