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Lunes , 22.10.2018 / 12:35 Hoy

El asalto a la razón

Ciencia, la canija ciencia

Carlos Marín

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A casi un año del masivo y aberrante crimen, la identificación de otro de los normalistas asesinados deja en 41 la cifra de quienes, para efectos jurídicos, permanecen desaparecidos y muy probablemente seguirán en esa condición de aquí a la eternidad.

La probabilidad de que los irreprochables forenses del laboratorio en Innsbruck logren dar con los nombres a que pertenecieron los 14 fragmentos restantes (de un total de 17, dos son de Alexander y uno de Jhosivani) se antoja más remota que imposible.

Menos esperanza cabe en el estudio de los restantes… ¡63 mil! restos carbonizados que fueron recogidos en el río San Juan y el basurero de Cocula.

No faltará, como sucedió con la “verdad histórica” de Jesús Murillo Karam, quien ponga en duda lo informado ayer por la procuradora Arely Gómez (ninguno de los dos, por cierto, perito en fuego ni materia forense).

Los dictámenes periciales (no las opiniones) valen solo si son de especialistas calificados y certificados.

Por ellos habla eso que los vividores de tragedias omiten y se llama ciencia.

cmarin@milenio.com

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