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Viernes , 22.06.2018 / 07:06 Hoy

Red social

Repensar el concepto de inclusión

Carlos Iriarte

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Hace unos días, revisando algunos apuntes personales, encontré un análisis que había llamado mi atención sobre el supuesto déficit que caracterizaba, hasta antes de los años sesenta del siglo pasado, a algunas democracias. El argumento defendía que, si bien las constituciones garantizaban el derecho de sufragio de los ciudadanos, en realidad, el ejercicio de esos derechos políticos estaba restringido para ciertos grupos.

Dicha anomalía democrática, como suele encontrarse en algunos textos de ciencia política, se explicaba, sencillamente, por un asunto de inclusión. Es decir, el sistema diferenciaba y excluía a determinados segmentos. Esto último no sólo impactaba en el desarrollo de talentos y oportunidades sociales, sino también sobre la paz y la estabilidad pública en algunas comunidades.

La inclusión se opone a dejar fuera al otro. Si la definimos en términos simples, es una actitud de solidaridad que conlleva a apertura, aceptación, integración y suma de voluntades; misma que debe traducirse en beneficios colectivos y en que todos los participantes cuenten con condiciones para perseverar en el logro de sus aspiraciones. Esto, alude a ver en la inclusión una vía para el desarrollo humano y la igualdad de oportunidades.

La práctica de la inclusión se articula acertadamente con otros valores que son de similar importancia y magnitud; algunos de los cuales he podido compartir en esta columna. Por ejemplo, puedo resaltar el diálogo, en la medida que es uno de los recursos más poderosos para propiciar cercanía y escuchar, construir en equipo y forjar carácter solidario; la corresponsabilidad, en el sentido de que nos permite entender la importancia que tienen las acciones y la participación de otros en la consolidación de una buena dinámica social; tolerancia, en virtud de que presupone respeto y convicción en cuanto a que las ideas diferentes suman y enriquecen; o cohesión, que privilegia los puntos de encuentro, favorece la consumación de acuerdos y genera unidad.

La inclusión debe ser el mensaje de la política, entendida, por usar los términos de Gianfranco Pasquino, como una "actividad noble", que es, al mismo tiempo, vocación de servicio y de vida. Sin inclusión, estamos destinados a caminar en soledad. Por eso es tan importante fomentarla. Por donde quiera que se vea, la inclusión está provista de "un contenido positivo" que nos humaniza, que afianza nuestra ciudadanía y nos hace una mejor sociedad.

@carlosiriarte_

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