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Sábado , 22.09.2018 / 03:11 Hoy

Red social

Por una cultura de la reforestación

Carlos Iriarte

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Una de las actividades que me apasiona desde niño es el contacto con la naturaleza. Hasta el día de hoy, disfruto mucho correr por las áreas boscosas de Huixquilucan, "La Marquesa" en Lerma y Ocoyoacac, los alrededores del volcán Xinantécatl en Zinacantepec y Toluca, entre otros; contribuir en campañas de reforestación y cuidado del medio ambiente por ejemplo, aquellas realizadas en diversas localidades de nuestro Estado. La cultura por la reforestación se ha ido arraigando entre mexicanos y mexiquenses sin importar edades, ideologías o conjuntos sociales. Cada vez más, familias completas participan en eventos de sustentabilidad y desarrollan una conciencia ecológica, la cual asumimos como "deber generacional" y la convicción de dejar algo mejor para nuestros hijos.

La Campaña Nacional de Reforestación en los últimos cuatro años intervino más de 750 mil hectáreas y plantó alrededor de 560 millones de árboles, además de los 22.3 millones que se sembrarán en nuestro Estado al concluir 2016. Otros esfuerzos son las medidas para combatir el cambio climático: México se ha comprometido ante las Naciones Unidas, a alcanzar en 2030 una tasa de deforestación de 0% y reforestar las cuencas altas, medias y bajas del país.

Por otra parte, científicos mexicanos han cooperado en el fomento internacional para el manejo acelerado de los bosques secundarios, para recuperar suelos degradados, capturar carbono y frenar el calentamiento del planeta. México, con Brasil, Colombia y Venezuela, es pionero en AL en esos propósitos.

Los programas de reforestación ayudan a mantener la estructura y composición de los ecosistemas, recuperar los suelos, preservar las especies nativas y mejorar el medioambiente. En el plano social, representa un punto de encuentro de las personas, que favorece el desarrollo de valores como la inclusión, la corresponsabilidad y el espíritu colaborativo; una convivencia que, además, produce espacios para elevar nuestra calidad de vida. Esto es relevante en las campañas de reforestación urbana, porque se reconstituyen áreas verdes en laderas, barrancas, cañadas y parques públicos, reducen los riesgos de deslaves y derrumbes, y producen microclimas más bondadosos para la población.

Estoy convencido que la conservación de nuestros recursos naturales debe originarse del consenso y participación de propietarios de la tierra, autoridades, instituciones académicas, organizaciones y redes sociales. Implica que desde todas las esferas, hagamos llamados a la acción para sembrar y reforestar. Las zonas verdes nos pertenecen y nos benefician a todos, debemos concebirlas como un bien público y un legado colectivo. Sostengo que el compromiso con la sustentabilidad y la ecología son cultura cívica, hacen comunidad y construyen ciudadanía. Y frente a este tema, me gusta traer a memoria la cosmovisión de los pueblos originarios del Estado de México: el alto aprecio por la tierra significa conciliar el progreso, con respeto a la naturaleza, a los ancestros y a los usos y costumbres.

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