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Domingo , 24.06.2018 / 09:59 Hoy

Red social

Economía colaborativa

Carlos Iriarte

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En días recientes, tuve oportunidad de participar en la revisión de un proyecto universitario sobre el estudio de la "economía colaborativa". El tema, además de interesante, llamó mi atención, tanto por lo relativamente novedoso de su enfoque como por el conjunto de fundamentos que intervienen en su dinámica y concreción.

Sobre lo primero, quiero apuntar que en la reunión del Foro Económico Mundial celebrada en enero de este año en Davos, Suiza, se concluyó que la economía colaborativa es un marco apropiado de oportunidades para que América Latina pueda "formar parte de la Cuarta Revolución Industrial", y que a través de ella se contribuya "a resolver algunos de los grandes (desafíos) sociales, económicos y ambientales de la región".

En torno a lo segundo, el marco de la economía colaborativa se desarrolla sobre la base de intercambiar bienes y servicios mediante la confianza, la inclusión, el valor compartido, el desarrollo colectivo, la sustentabilidad y la comercialización de bienes subutilizados o infrautilizados, lo que se realiza a través del uso de las plataformas digitales a nivel global.

Uno de los aspectos que me parecieron más atractivos de este paradigma es que se sustenta sobre el principio de la confianza. Ésta amerita una reputación que se construye, esencialmente, por internet, generando un historial o perfil de negocios que es alimentado por las opiniones de toda la comunidad económica colaborativa, con justificación en experiencias e interrelaciones mercantiles, comerciales y sociales.

Los defensores de este esquema de oportunidades argumentan, inclusive, que su nivel de certeza respecto a los usuarios es mayor que el de la calidad crediticia que exigen las sociedades financieras, debido a la cantidad de información que proveen los miembros de esa gran red comunitaria. Simultáneamente, las plataformas emplean regulaciones de seguridad similares a las de otros servicios que se prestan por la red, garantizando la protección de quienes participan en dicho sistema de mercado.

Otro componente sustantivo de la economía colaborativa se revela en el enunciado de que es "mejor compartir que poseer". Dicha lógica impacta directa y significativamente sobre los precios por consumo. Los datos muestran que en el universo de esta economía se ofrecen todo tipo de servicios (transportes, estancias, tareas bajo demanda, salud y cuidado social, etcétera) y de intercambios (libros, bienes culturales, juguetes y material para niños, entre muchos otros). En América Latina, México está adquiriendo una presencia cada vez más notable en la economía colaborativa, no solo por el tamaño de su mercado, sino porque la confianza continúa abriéndose paso y afianzándose como un poderoso valor.

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