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Jueves , 21.06.2018 / 01:56 Hoy

Red social

Cultura del esfuerzo, significado e implicaciones

Carlos Iriarte

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La cultura del esfuerzo se expresa a través de uno de los valores más notables para alcanzar objetivos: la perseverancia. Ambos conceptos se complementan con otras cualidades, entras las que destacan: tenacidad, compromiso, disciplina, pasión y vocación. Para las mujeres y hombres de mi generación, especialmente quienes optamos por el servicio público, cultura del esfuerzo se reveló como un referente ideológico con Luis Donaldo Colosio, quien lo difundió como principio de la buena política. Colosio comprendió y practicó la cultura del esfuerzo, con una filosofía que se compone, a mi juicio, de tres preceptos: 1) origen y destino, 2) proceso responsable para el cambio, y 3) mérito individual en razón del bienestar colectivo.

En cuanto a origen, Colosio se enorgullecía de su cuna norteña, donde aprendió y valoró, en la modesta Magdalena de Kino, "la fuerza de la comunidad, el valor del esfuerzo y el respeto por la familia". En el ambiente de esa localidad, desarrolló la sensibilidad que brinda el trato cercano con gente sencilla, afable y trabajadora. Ahí también descubrió su llamado de servir y contribuir a México a través de la política.

En lo correspondiente a proceso responsable, la cultura del esfuerzo apunta a recorrer el camino sin el amparo de atajos o rutas cortas. Esto implica emprender, con planeación y persistencia, el trayecto que se exige para acreditar, por la vía de la dedicación y el cumplimiento, cada posición que se ocupa. Afrontar con éxito las pruebas deviene, regularmente, a transformar positivamente el entorno y así adquirir la autoridad sobre la materia.

El peso del mérito era un requisito que Luis Donaldo Colosio consideraba determinante en la carrera pública, y demandó que este criterio se extendiera para la selección de funcionarios y representantes públicos, cuya labor tenía que mejorar la condición social y el bienestar de las personas. Los talentos individuales, orientados al trabajo comunitario, tendrían efectos positivos en causas colectivas. De esta forma, la cultura del esfuerzo sería capaz de humanizar a la política.

El poder de este enfoque, que concilia pensamiento y proceder, es que sitúa a la perseverancia como convicción y estilo de vida. Su aplicación resulta necesaria para quienes toman decisiones con implicaciones directas sobre los ciudadanos, pero con resultados positivos extensibles. Hacer del esfuerzo una cultura ciudadana potencializa el desarrollo y mejora, en todos los sentidos, nuestra calidad de vida y de quienes nos rodean.

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