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Jueves , 18.10.2018 / 03:22 Hoy

Australadas

Todos somos del Toro

Carlos Gutiérrez

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El acto de colgarse debería ser elevado a rango de deporte nacional.

No puede un individuo ganarse algo con el sudor de su frente o de alguna otra corporeidad menos confesable, porque ya hay una fila de cretincillos puestos para colgarse la medalla.

No importa si es pambol, matatena o repujado; ciencias ocultas, ortodoncia o malabarismo político, cualquier causa es valiosa cuando se trata de hacer caravana con sombrero ajeno.

Por eso a nadie sorprendió que el Oscar por duplicado que se llevó Guillermo del Toro el domingo pasado, representara la inigualable ocasión para que se subieran al tren del "torismo" los gandayas que nunca faltan.

Bajo la lógica de ser tan poco el amor como para desperdiciarlo en celos, aprovechar el éxito de un connacional sigue siendo el pasatiempo más extendido, casi tan eficaz como embeberse viendo "Nesflis".

Y como ahora hubo para aventar por los aires, con los gorgoritos destemplados de Gael García y la voz de seda de Natalia Lafurcade, la estatuilla dorada del Negro González Iñárritu por la instalación titulada Carne y Arena, y la presencia de Eugenio Derbez en la ceremonia de la Academia, el "¡Viva México, cabrones!", se volvió casi un asunto de sello nacional.

Y es que este país un patriota en cada hijo nos dio.

Eso explica el orgullo tenochca exacerbado que se dejó ver en algunos programas de radio y televisión.

El mismo orgullo que se buscaba restregar en la cara de todo aquel que sospeche de los mexicanos. Porque en México las cosas también se pueden hacer así, México no es sólo violencia, decían los entusiasmados toristas.

Y entonces pensé socarronamente en la frase "Lo hecho en México está bien hecho", emulando aquel anacrónico slogan que promovía el consumo local.

Es cierto que el asunto no es nuevo, ni por mucho.

Cada cuatro años la "Salación Naconal" reverdece la capacidad del mexicano por creer que sí se puede.

Y lo mismo ocurre con los Juegos Olímpicos, las peleas del Canelo Álvarez y el partido político que gane la elección (como no sea el PRI). Por eso insisto que el deporte nacional es subirse al pódium de otros.

Y también al tren del mame que viene consigo.

De ahí la cena de negros que a punta de memes se reventaron quienes advirtieron en el vestido amarillento de Eiza González la coyuntura para ilustrar el exquisito arte de la sátira virtual.

Los ganones fueron DHL, la librería Gandhi, Piolín y hasta lo Minions. Pero donde la pasaron a perjudicar fue con los logos del PRD y del América.

Jamás tan dignas instituciones habían estado tan cerca del buen gusto, el glamour y la belleza.

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