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Martes , 11.12.2018 / 13:00 Hoy

Australadas

Rayito de miedo y “ejperanza”

Carlos Gutiérrez

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Yo, al igual que muchos de la raza tenochca, me declaro sorprendido, pero al mismo tiempo con reservas. Demasiadas. Citando a aquel infeliz que tuvo sus quince minutos de fama, berreando hasta el cansancio ante las cámaras y frente a un puñado de cuicos que lo habían detenido: “¡tengo mieeeedo! Y no es para menos, el cambio de estafeta en el gobierno federal ha sido todo menos una cuestión a la que estemos habituados, en esta geografía tan dada a vivir de las costumbres y a hacer poco menos que nada para sacar al buey de la barranca.

Hasta ahora, que se le hizo a la patria la vuelta a la izquierda y todos, incluidos, supongo, los propios chairos, marxistas trasnochados, comunistas de tercera y revoltosos de oficio, todos seguimos boquiabiertos y deseando que, por lo menos, nos vaya un poco mejor que ayer.

Pero el temor no es gratuito, tan hechos estamos a los golpes que las caricias nos hacen llorar y por más que el panorama se presente alentador, los privilegiados que por generaciones han gozado de las mieles de la impunidad, la vida holgada y los beneficios no van a soltar la ubre, así como así.

Eso y el hecho de que se haya depositado tanto poder y tanta esperanza en una sola persona, por mucho que presuma que se cansa el ganso si no consigue lo que dice. Son muchas décadas de saqueo atroz, de faramalla politiquera y de un culto insultante a la personalidad, pero, sobre todo, de incompetencia para gobernar para todos y no para los mismos que han ganado siempre. Porque de eso se trata usualmente el ejercicio del poder, al menos eso es lo que conocemos quienes ya vivimos una sensación similar aquel día de 2000 en que Fox transmitió la idea, quizá sin creérsela de veras de que no nos iba a fallar. Y falló.

Niveles de popularidad inusuales y una abrumadora idea volando en el ambiente de que ahora sí viene la nuestra, es demasiado bello para ser verdad. Lo cierto es que para alguien que hizo 12 años de campaña, que vivió en carne propia dos derrotas presidenciales y que se ha curtido al calor de la revolución (institucional, literalmente), la coyuntura no debe ser menos sorprendente, avasalladora y compleja. Y es que el problema no reside en los qué, sino en los cómo.

Y en tanto no comiencen a advertirse las primeras señales de eficacia gubernamental nos temeremos estar simplemente ante López Obrador, ese rayito de “ejperanza” que hacía muy bien su labor como eterno candidato.

Al tiempo, apenas van cinco días de gobierno zurdo.

fulanoaustral@hotmail.com

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