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Miércoles , 20.06.2018 / 18:37 Hoy

Australadas

PLEITITOS

Carlos Gutiérrez

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Dicen los enterados del asunto que, si algo se ve como pato, camina como pato, hace como pato, difícilmente podrá ser algo distinto a un vil pato.

El caso es que por más que se le pinten las plumas para simular ser un ave exótica o se le agregue un saquito ridículo de marinero intentando parecerse al Pato Donald, el pato seguirá siendo el mismo.

Justo eso es lo que le pasa a Miguel Herrera, el malogrado técnico de la "Salación Naconal", quien sucumbiera a sus ímpetus cavernarios y le aflorara el código postal aquella ocasión en que casi se arma la rebambaramba con Cristian Martinoli.

En aquel momento, muchos le criticaron que en su carácter de figura pública y más siendo entrenador del combinado tenochca, se diera el lujo de mostrarse como el valentón que siempre ha sido.

Por eso a nadie debió sorprender ahora el show de alguien más cercano a una cabra en cristalería que a un ser humano.

Herrera siempre ha sido y seguirá siendo ese ente incapaz de gobernarse, que ante la menor provocación cede lo poco de raciocinio que le asiste, para honrar a todas las especies de homínidos que antecedieron al Homo Sapiens.

Esto viene a cuento luego del conato de bronca del fin de semana entre el Toluca y el América, sobre todo entre sus técnicos, El Piojo y Hernán Cristante.

Una vez calmados los ánimos, con algunos arañazos, manoteos, jalones de medias y sin que la cosa pasara a mayores, Herrera hizo gala de un descubrimiento a la altura de sus competencias: le sorprendió haberse contenido.

Como si se tratara de un acto opuesto a la vieja confiable del chispoteó, mostró que en boca cerrada no entran moscas y que se es menos mandril si se actúa con la cabeza.

Y de paso tiró por la borda aquello que "piensan" algunos como el "Cuauh" Blanco, para qué arreglar con palabras lo que se puede resolver a golpes.

No digo que esté mal que El Piojo se haya sabido contener (ignoro si en verdad le subió agua al flotador o si le zacateó a echarse unos cates con Cristante).

Lo cierto es que por más que insista en alegar cordura involuntaria, sigue siendo el ajonjolí de todos los moles cuando de hacerla de tos se trata.

Y, ciertamente, jamás estará bajo sospecha de ser el paradigma de la elegancia y mucho menos de la clase.

He reparado en esto ahora que, como nunca, se requiere de modelos que no alienten la confrontación y que, por el contrario, vean en el fútbol (y en la vida diaria) el escaparate que recrea y no aquel que desvela las frustraciones y los vicios de carácter.

Sé que es demasiado pedir, pero ocurre que a veces uno no entiende que no entienden.


fulanoaustral@hotmail.com

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