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Sábado , 26.05.2018 / 13:08 Hoy

Australadas

No corro, no vuelo y no me acelero

Carlos Gutiérrez

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De verdad, quisiera que me gustara. El reencuentro de Timbiriche podría ser lo más cool del mundo mundial para muchos, menos para mí. No me las voy a dar de exquisito. En mis lados B, C y quizá hasta D están Benny, Erik y Sasha. En estricto orden. Naturalmente, en mi carácter de habitante del cuarto piso, la banda sonora con la que crecí incluía, voluntaria o involuntariamente a la banda entera. Y al igual que muchos, aprendí a odiar a Paulina Rubio, por hiperlactante; a sentir compasiva solidaridad por Alix cuando estaba "chubi" y a mirar la telenovela Alcanzar una estrella, por Eduardo Capetillo y Mariana Garza. Bodrio donde lo único rescatable fue el desliz televiso de Botellita de Jerez.

Sí, lo reconozco, todos tenemos algo oscuro en el pasado que justo ahí debería quedarse. Pero no, la ley del eterno regreso nos deja caer como si nada una nueva entrega en pretérito. Y la raza se entrega redondita. Aunque si ya saborearon las mieles del reencuentro Kabah, OV7 y hasta Magneto, por qué los timbirichos se iban a quedar atrás. Eso lo alcanzo a advertir. Lo que no puedo es siquiera visualizarme entusiasmado por el tema. Tal vez sea porque de plano las cabras se me están yendo al monte con mucha más frecuencia que antes o por esa indeclinable voluntad de llevar la contraria.

Sobre este último argumento hay una anécdota curiosa del porqué sí de las cosas. Es ibérica con alcances aztecas. Un padre le dice con enjundia a su hijo: "Eh, chaval, cuando me muera si ocurre en España que me entierren en México. Y si muero en México, que me entierren en España". "¿Pero, y eso por qué, padre?", pregunta el crío. "¡Por joder hijo, nomás por joder!", sentencia el gachupín. Así pasa cuando sucede. A veces no hay explicaciones, por más que uno haya bailado el "¡Uoouoooo!", de Tú y yo somos uno mismo.

He estado masticando esta desazón a lo largo de varios días, luego de que una compañera de la radio me increpó al preguntar si sentía algo especial por el reencuentro. Cuando supo mi negativa ya no se sintió tan mal ni tan incómoda en esa soledad tan desolada que acompaña a los contreras de cepa. Ya sé que los de la letra "X" somos una generación con tendencia a la retromelomanía, aunque quizá esa inercia sea la característica de todas las generaciones y mañana los millenials volverán sobre sus pasos con la música que escuchan hoy. Será el sereno, pero la renta sigue estando en el pasado, donde está el pan, la nostalgia y la Banda Timbiriche.

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