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Domingo , 09.12.2018 / 21:30 Hoy

Australadas

MIXTURAS O EL ARTE DEL “A DÓNDE VAMOS A PARAR”

Carlos Gutiérrez

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Recuerdo que en un momento de ocio, de esos que casi no hay en una estación de radio, se discutía sobre la pertinencia de tocar música popular, con el pretexto de ser interpretada por una figura que tuviera cierto halo de legitimidad. Si mal no recuerdo se trataba de Si el norte fuera el sur, del “filósofo” guatemalteco Ricardo Arjona, interpretada por éste y por Panteón Rococó. Esto derivó en la larga lista de permisividades que conforman una curiosa costumbre, pues hace ya mucho que la moda del crossover hizo patria en la lengua de Cervantes.



Uno de las más recientes es la incursión desde “Iztapalacra” para el mundo de Los Ángeles Azules. Me cuentan que el coqueteo con el escenario pop ha sido bien recibido por la banda y es todo un éxito radial y “youtubero”. Algunos productores musicales pueden tener poca noción del buen gusto, pero de que saben dónde está el pan, eso que ni qué. De ahí el trancazo de “Amo al Divo de Juárez”, el tributo con el que Los Planetas, Jaguares y hasta Vicentico, cantaron a Juanga en 2008.



Por aquellos tiempos ya era frecuente encontrarse con estas cosas del demonio, y hoy es casi un requisito para figurar en el “shoubis”. El Tributo al más grande, campaña para sostener lo Bronco del Gigante de América, de 2007, convocó a algunos rudos del rocanrol como Kinky y otros menos rebeldones como Divisón Minúscula y Jumbo. Y a principios de siglo, con El más grande homenaje a los Tigres del norte, en donde figuraban Molotov, Cafeta y hasta Botellita de Jerez.



Y de ahí en más con el disco tributo a Chepe-Chepe, el triple X dedicado a las canciones de José Alfredo, y el de Sandro de América, todos ellos protagonizados por gente del rock latino. Naturalmente hay una pregunta que se impone: ¿Quién legitima y da sentido a colaboraciones como éstas?, particularmente cuando algunas bandas que con ganada reputación ponen en tela de juicio su nombre contaminándose con otros sonidos. Al parecer los de hoy son tiempos híbridos, como sentenciaría el Rockdrigo. Tiempos en los que quien no hace crossover no figura.



Por eso creo que Armando Palomas tiene la boca atascada de razón cuando advierte el vacío en el concierto nacional de un homenaje a Marco Antonio Solís. De realizarse, con toda seguridad convocará a los sospechosos comunes de siempre y la sabiduría del poeta del siglo será sinónimo de trancazo en ventas. Los más singular sería el nombre: Un tribuki. Digo, honor a quien honor merece.

fulanoaustral@hotmail.com

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