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Lunes , 24.09.2018 / 10:55 Hoy

Australadas

Mil y un antes de morir

Carlos Gutiérrez

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No, definitivamente no tengo en planes entregar el equipo pronto.

La sola idea de pensar en irme de minero, de pelarme como Pedro Infante (pa'l otro lado), de dejarme seducir por la pálida dama, de colgar los tenis, de bailar las calmadas y que me cargue el payaso, no es algo que forme parte de mi agenda.

Por lo menos no por el momento.

La muerte no es una prioridad y prefiero dejarla en visto y en lista de espera un buen rato.

Parafraseando a Woody Allen, no es que no me atraiga la idea de la muerte, es sólo que no quisiera estar ahí cuando llegue, digamos, por aquello del no te entumas.

Pero no querer pasar a mejor vida no significa carecer de la intención de vivir como si el mundo se fuera a acabar.

Este tema me ha estado rondando la cabeza, en especial desde que los afanes radiofónicos me llevaron a conducir una serie de programas dedicados a los 1,001 discos que hay que escuchar antes de morir, de Robert Dimery.

El texto es producto de un exhaustivo trabajo de análisis y síntesis que implica la revisión de los materiales más significativos desde los años 50, época en la cual comenzó formalmente la producción de discos para ser consumidos por la raza.

Con una curaduría digna de un obsesivo compulsivo, cada portada de disco cuenta con reseña, datos de identificación y la mención del contexto en el que fue gestado, así como los temas que conformaron cada material.

El título y su escritura no son un asunto menor, en especial porque la realización implicó poner en práctica asuntos subjetivos que condensen, en un millar más uno, producciones dignas de ser escuchadas.

Y como suele suceder en el caso de las listas, ni están todos los que son ni son todos los que están.

Pero eso es lo de menos, el espíritu goza con el reconocimiento de aquellas portadas familiares, de los años en que vieron la luz y de las canciones que les definen.

Supongo que ahí reside el éxito de trabajos como éste.

Y las variaciones que han aparecido con el tiempo, como aquellas dedicadas a 1,001 comics, vinos, películas, lugares, libros, videojuegos, series televisivas, canciones, y otros menesteres.

Una lista a la que sumo mi hipotética y tragona aportación con los Mil y un platillos que hay que comer antes de morir, tema caprichoso pero que goza del mismo sentido de urgencia de los demás textos, agotarlos como si fuera el último día, porque puede que lo sea.


fulanoaustral@hotmail.com

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