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Domingo , 23.09.2018 / 07:47 Hoy

Australadas

Marchas sin legumbres y en la luna

Carlos Gutiérrez

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La neta del planeta no sé que me tiene más consternado, el tema de la luna roja del domingo, la falta de puntería del Chicharito o el secuestro emocional y vial de las ciudades con el tema Ayotzinapa. Sé que los amarguetas de siempre me dirán que no hay punto de comparación entre las dos primeras situaciones y la última. Me curo en salud para que luego no me salgan con zarandajas: el problema de los normalistas no es la falta de justicia expedita, eficaz y objetiva (nada que ver con la verdad "histérica" del gobierno), sino los sinsabores a partir de su ausencia, pero sobre todo del caldo de cultivo que hay en México, situación que cualquiera aprovecha para colgarse del tema y berrear consignas.

Si bien es cierto que el drama de los desaparecidos tiene como rehén a la opinión pública, también es verdad que el paso del tiempo ha conseguido echar un poco y sólo un poco de tierra al asunto, digamos que ha estado dando el paulatino carpetazo que, según sostiene el gobierno, no se dará. A fuerza de desmemoria (como ocurre con casi cualquier asunto público en México), parece que se le estuviera apostando al tema. El olvido como reducto y herencia de la dictadura perfecta. Y la movilización social de los simpatizantes de los deudos, con el recuerdo y el oprobio como armas. Una vez más el sistema contra la población, lo que significa el gobierno contra sus detractores, con una causa colateral de por medio.

Por eso me consternan las marchas por Ayotzinapa. Y el secuestro de calles y plazas públicas en detrimento del derecho de libre tránsito de los mexicanos, muy a pesar de la sobada perorata del derecho (igualmente legítimo) a la libre manifestación de ideas. Entiendo el sentido de la presión social contra el sistema casi desde cualquier escenario, pero de ahí a que expresándolo resuelvan más problemas de los que generan es un absurdo, por ineficaz, y una monserga por el hartazgo ante quienes tratan de hacer un estilo de vida más allá de las grandes tragedias particulares o nacionales.

Como quiera que sea, el pasado fin de semana hubo manifestantes indolentes, cuicos desplegados y ciudadanos que padecimos el abuso de los primeros y la incompetencia timorata de los segundos. Y también hubo cierta fiebre "chicharita" y el interés por la cuestión de la luna enrojecida. Si se mira no es un asunto menor. Si fuera menos buena onda y más letal en el área, nuestro Chanfle del Leverkusen atraparía la atención del respetable y enajenaría como solamente lo hacen los patriotas de verdad. Como cuando el país se paralizaba con "El Toro" Valenzuela o "Ego" Sánchez. Esos eran héroes y no pedazos. Por eso le llueve sobre mojado al "Chichafürer", por eso el troleo insufrible en el implacable tren del mame.

Gracias a Dios siempre tendremos la luna. En casos como estos no queda más remedio que acudir a ella sonrojada y dejarse llevar, siguiendo el consejo de Sabines, al tomarla a cucharadas o encapsulada cada dos horas. Prescrita justo como decía el bardo chiapaneco, "para los condenados a muerte y para los condenados a vida".

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