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Viernes , 20.07.2018 / 23:16 Hoy

Australadas

La cake de Kate

Carlos Gutiérrez

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"Cuando el agua te llega al cuello, no te preocupes si no es potable".

Stanislaw Lec


Dejarse ir como gorda en tobogán me parece una expresión, además de grotesca, imprecisa. No voy a ponerme exquisito, pero imaginar a un ser nada portátil dar con su humanidad en la alberca luego de un fugaz paseo serpenteante es algo poco menos que bizarro. Sin embargo, lo que más me puede en el dicho es una duda tormentosa que viene luego de haber visto aquel episodio de Los Simpsons en el que Homero queda atorado en un tobogán dada su mórbida obesidad. ¿Y si la gorda está tan chubi que acaba como tapón humano del tubo? Entonces va para atrás el manoseado gag de la vida moderna.

Como quiera que sea, hay quien va por la vida deslizándose por las aguas del tobogán del caos, ya sea aprovechando la gravedad de su "puerquecito" o la gravedad de la tierra (que para el caso viene siendo la misma cochinada). Reparo en esta acuática analogía y lamentablemente pienso en Kate "Cake" del Castillo. Ignoro la razón por la que muchos caballeros sucumben ante sus (des)encantos, pero no es su estética de la antiestética lo que me mueve, sino esa indeclinable voluntad por meterse en problemas. Por ir cual timbona en caída libre y sin que haya nada que la detenga.

En la cinta Larry Flynt, el nombre del escándalo, Woody Harrelson interpreta al magnate de la industria editorial creador de Hustler, la revista para caballeros que conmocionó a la hipócrita sociedad gringa de los setenta. Larry Flynt tenía dos rasgos que lo definían, el mal gusto y la facilidad con la que se metía en camisa de once varas. Además, claro, de una buena cantidad de morlacos para acentuar el primero y para salir avante del segundo. Basándose en la enmienda que consagra la libre expresión, consiguió darle en la suya a los golpes de pecho y de paso agrandar su emporio y pasar a la historia.

Tal vez en el fondo eso sea lo que pretenda "Cake" del Castillo con el numerito de El Chapo, llevándose entre las espuelas incluso a Sean Penn, un personaje de quien siempre sospeché que tenía dos dedos de frente más que la propia actriz, cosa a todas luces nada extraordinaria. Eso siguiendo con el tema cinematográfico y como sugiriera Carlos Marín en estas páginas, la esencia de la peli El abogado del diablo: la vanidad, el pecado favorito de Satanás. Este seductor vicio de personalidad acabó por ventilar los escarceos entre la actriz y el capo, y derivó, directamente, en la consecuente quemada pública de ella y (de manera indirecta) en la reaprehensión del narco, según sostienen los que saben del asunto.

Hay una expresión en el imaginario deportivo estadounidense para señalar que ha ocurrido algo que parecía muy poco probable de que sucediera: "The fat lady has sung". Entre eso y la obesidad de una dama en tobogán hay una relación causa-efecto. Aunque a nadie en su sano juicio debería sorprender que la "ermozura" Del Castillo fuera la protagonista. Del extraordinario suceso y de que vaya en picada hacia una alberca que, para colmo de males, parece que lo único que no tiene es agua.

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