• Regístrate
Estás leyendo: IMAGINANDO COSAS CHINGONAS
Comparte esta noticia

Australadas

IMAGINANDO COSAS CHINGONAS

Carlos Gutiérrez

Publicidad
Publicidad

Ni duda cabe, el nuevo filósofo de la mexicanidad es Javier Hernández.

El ser antes conocido como Chicharito se ha erigido en el nuevo Carlos Cuauhtémoc Sánchez.

Con un mensaje de amor y comunión, de motivación y fe, le apuesta a la retórica de los tiempos posmodernos y bajo la máxima de ser capaces de hacer cosas chingonas, ha llegado para guiar los destinos de la perrada mundialista.

Que lo quiten de la selección y lo pongan de candidato presidencial. O mínimo de secretario de Educación. 

De ese tipo de liderazgos necesita este país en ruinas.

Lo bueno es que la gran masa tenochca que se ha dado cita en Rusia no es de esas a las que se convence con la promesa de una torta, un “frucsi” y una naranja.

Los que han poblado las calles mundialistas son todo menos lumpen.

 Por eso la frase que escupen los envidiosos ante la horda de mexicanos: “y dicen que hay pobreza”, no les queda.

Ellos ni ven ni oyen a los resentidos sociales. 

La marea urbana mexicana que asiste a la encrucijada rusa es ese sector clasemediero al que la crisis jamás le ha quitado el pan de la boca.

Son los únicos que pueden darse el lujo de endeudarse y volver a casa a pagar las tarjetas y seguir disfrutando el lujo de no tener hambre. 

Y de darse vida de mirreyes y de chiquitas fresas sin preocuparse por el salario mínimo y sí por la paridad peso-dólar.

Por eso ahí no hace mella el mantra del Chícharo, porque pretende hacer profesión de tierra en suelo no fértil. Quizá toque los corazones de quienes no pudieron ir al mundial y se conforman con ver los partidos de la “Salación Naconal” desde la pantalla plana de 800 pulgadas comprada en abonos fáciles y pagos difíciles en un Elektra.

A ellos van las chingonas palabras del chingón orador de México. 

A ellos y a sus compañeros, a quienes les conviene seguir sosteniendo una farsa chingona llamada “el equipo de todos”.

Esa mentira por la cual se asume que los jugadores de empresas privadas (que son los equipos de fútbol) van a una competencia internacional a representar a los mexicanos.

En especial cuando lo que hacen, y no muy bien que digamos, es representar el nivel del fútbol que se practica en México y el nivel con el que lo practican los mexicanos que juegan en el extranjero. 

Nada más.

Ellos no son el representativo de ningún mexicano, como no sean los dueños de los equipos de los que son empleados. Desde luego esta no es una idea chingona.

No sirve para ensalzar el sentimiento patriotero.

Y mucho menos es un buen argumento para ser capitalizado por el gobierno en turno ni por los candidatos y sus partidos políticos. 

Es todo menos una idea que despierte simpatías. Por eso no es parte de las cosas chingonas que deberíamos imaginar los mexicanos.

Y que seguramente Javier Hernández desconoce.

fulanoaustral@hotmail.com
@fulanoaustral

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.