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Domingo , 16.12.2018 / 13:10 Hoy

Australadas

Hit me

Carlos Gutiérrez

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Aunque me asumo como un impúdico animal sin pedigrí, nunca me ha gustado el lenguaje de quinto patio. Y no es por hipocresía, así fui criado y recuerdo que cuando niño cada que alguien profería una guarrada, mi cerebro hipercorrecto estaba condicionado a despreciarle irremediablemente. Ello sucedió hasta que llegué a la edad en que uno mira con recelo cualquier figura de autoridad. Entonces comenzaron los escarceos con la rebeldía y uno que otro exabrupto verbal.

Recuerdo haberme vuelto fan de “Molotov” por esa inercia a decirle al otro incluso lo que no desea escuchar. Atrás quedaba la moda de lanzar consignas incendiarias al ritmo de un grunge trasnochado, y cantar las rolitas de la “Molocha” se erigía como el mejor remedio catártico para sustituir la visita al psicoterapeuta.

Y aunque la época del “Frijolero”, “Cerdo” y “Rastamandita” había valido, y los otrora seguidores de la banda eran ya dones y doñitas (casi) respetables, seguía siendo un asunto disfrutable revisitar las letras y la música de viejos pasajes y de los nuevos, que cada cierto tiempo llegaban a ver la luz.

Por eso cuando comenzaron a publicarse los avances del desenchufado que grabaron hace algunos meses, me pareció fabuloso volver la mirada a “Molotov” y recetar, de paso, una que otra rola en la radio, nomás por el gusto de escucharles al aire y “onplog”. Y también con la idea de decirle a uno que otro eso no desea oír.

Así, con poca distorsión, llegaron los sospechosos comunes, esos temas que alguna vez estuvieron en el gusto la banda y que, con la distancia, el tiempo y una chaineadita sonaban bastante bien. La ocasión fue la ideal, con letras flamígeras que adquirían dimensiones distintas y oídos veinte años más viejos. Y me parece que el recurso ha funcionado para resignificar la tradición combativa contra el sistema.

Cosa para la cual esos chamacos siempre se han prestado como pocos, echando carrilla, chacoteando en spanglish y pintando dedo a quien lo merece y también a quien no. Hoy que me descubro, nuevamente, en shock con las canciones de “Molotov”, refrendo la vocación por echar mano del agandalle como recurso para escupir en la cara a quien insiste en no entender.

El breve espacio

En esa lógica y ya entrados en gastos, de nada sirve llenar con plastas de pavimento los hoyos de las calles de Toluca, cuando quedan cubiertos como con “estiércol derramado”. Así de eficiente es el trabajo del Ayuntamiento en materia de baches. Y, peor aún, cuando por cada uno que tapan aparecen decenas de “cráteres lunares”. Ojalá que en vez de acudir a la paranoia que, dicen, les fabrica agujeros, el alcalde Zamora y sus esbirros se dignen a dejar la ciudad, si no mejor de como la encontraron, sí menos “cacariza”.

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