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Martes , 13.11.2018 / 11:12 Hoy

Australadas

Golpes de realidad

Carlos Gutiérrez

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Nada como una buena zarandeada para tocar tierra. Unos cuantos cates, de esos que quitan lo tonto para poner en su sitio a la vanidad. Así fue la despedida de la “Salación Naconal” del Mundial Rusia 2018, con una tunda de esas que ponen el orgullo en su sitio. El problema es que con ello se llevó entre las patas a tantos que confiaban en que los ratones verdes podrían llegar al quinto partido. Pero no, por más que se alegue que las distancias en el fútbol se han acortado, los buenos siguen siendo buenos y los cracks siguen siendo de otra galaxia. Esa en la que no existe ninguno de los miembros del Tri, por más que las televisoras dueñas del producto llamado “Selección” insistan en venderlo como si fuera equipo de primer mundo.

Los golpes de realidad que suecos y brasileños propinaron a los aztecas, son esa suerte de lecciones de gran valía que da la propia vida sin costo. O al menos no demasiado. Aquel que esté en condiciones de aprender sabrá de lo que se trata. Quien no, solamente hará que la virgen le habla y seguirá hilvanando traspiés. El problema es que “el equipo de todos” lleva 24 años haciéndole al tonto sin dar el do de pecho. Y la afición continúa creyendo que el siguiente mundial es el bueno. Y el próximo y luego el próximo. Los pasados días han sido de duro aprendizaje para los mexicanos, que entre lo más importante, de lo menos importante, que es el fútbol y la catástrofe priista del 1 de julio hemos comprendido que la vida pasa factura.

Que las cosas no se merecen y sí se buscan, para bien y para mal. Por eso a nadie debería sorprender la caída del tricolor (de los dos tricolores). Porque más allá de las coincidencias cromáticas, ambos conceptos se buscaron la derrota a base de soberbia, ineptitud y desmemoria. Y ahora que la realidad les rebasó (a la brasileña a los pamboleros y por la izquierda a los políticos), les da por preguntarse la razón. El gran problema reside en la fe ciega a los primeros y el aire de desconfianza que dejan los segundos. Fe en que algún día se va a poder. Y desconfianza porque los nuevos por conocer sean peores. Así, entre seguir imaginando cosas chingonas y la plegaria del no nos vayan a fallar, se mueve esta nación en ruinas.

Por mi parte la pregunta sigue flotando en el aire, como cuando México le ganó a Alemania: ¿Estará el país listo para ganar? Y no es derivado de un resultado deportivo que la hago ahora. ¿Estamos preparados para hacer las cosas en serio? ¿Para cambiar el paradigma de nación y colocarnos a la altura de la encrucijada histórica? ¿O vamos a seguir haciendo como que no pasa nada, que somos una sociedad de pacotilla que no tiene el gobierno que merece, sino el que se ha buscado?


@fulanoaustral

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