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Australadas

Filmarmónica

Carlos Gutiérrez

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Cada que alguien se pone iconoclasta me da un no sé qué que qué sé yo. Se me ilumina el rostro y el corazón bandolero me hace pum pum. Me pone Felipe con tenis y entonces comienzo a creer que todo es posible. Cada que alguien pone en jaque a los tradicionalismos me da por saltar como enano y reírme de la solemnidad. Eso ocurrió el pasado viernes en el Teatro Morelos. Resulta que la Sinfónica del Estado de México ofreció una tocada de esas que convocan a la banda. Y que se arma la chunchaca.

Bajo la batuta de Rodrigo Macías, un tipo con talento, amable y generoso, se armó un recital de música de cine. Y hasta el corazón de Toluca La Fea llegaron los acordes de clásicos del séptimo arte. Pongamos que hablo de El Padrino, Casablanca, El Mago de Oz y La vida es bella. Pero también de Star Wars, Corazón valiente, Forrest Gump y hasta Rocky. Sin olvidar, “obvi”, Naranja mecánica, 2001, odisea en el espacio, James Bond y La Pantera Rosa.

Y para todos los públicos hubo música, pues los sonidos de Tiburón, E.T. El extraterrestre, Harry Potter y Coco llenaron los rincones de un recinto por el que hacía mucho tiempo que la pantalla grande había visto sus mejores días. Porque, en medio de semejante despliegue de maravillas melómanas, caí en la cuenta de que algunas de las escenas que se proyectaban por encima de los miembros de la OSEM, ya habían sido expuestas muchos años atrás ahí mismo, cuando el Teatro Morelos eran el gran cine de la ciudad.

Pero, además, entre alguna guitarra eléctrica que rompía el espacio, una batería en el fondo y la complicidad de tantos músicos en el escenario que se entregaban al placer de sacarle sonidos a las imágenes, ocurrió el milagro de la música. Ese que lleva a los ojos a poblarse de lágrimas cuando se tocan las fibras sensibles. Cuando hacen juego la memoria del cine del que uno está hecho, con las notas musicales que lo evocan y lo hacen extraordinariamente visible.

Me imagino que así es como funciona la música, porque convoca voluntades ante el gusto de que nos proyecten una película que ya hemos visto antes. Porque consiguen sacar lo mejor de su banda sonora y recrearlo en la mente de quien la escucha. Y de paso desmitificar a las vacas sagradas de la alta cultura y hacer accesible el encanto sinfónico. Y ya entrados en gastos, prodigar un arte iconoclasta que acerca al gran público, lo conmueve y lo recrea. 


fulanoaustral@hotmail.com
@fulanoaustral

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