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Miércoles , 17.10.2018 / 10:20 Hoy

Australadas

El olvido está lleno de desmemoria

Carlos Gutiérrez

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Las cosas extraordinarias de la vida no vienen solas. Al menos en el caso del fulano que esto escribe operan en pares. Hace unos días, por asuntos meramente domésticos, sentí lo que era amar a Dios en tierra de indios cuando, ante la mirada atónita de La Mengana, me di un toque de esos que no dan risa y sí muchos temblores. Estaba en franca brega sellando grietas del techo cuando un descuido fue suficiente para rozar una cerca electrificada que me puso los pelos de punta (y los cabellos también). La doble dosis del destino llegó al cambiar un par de fusibles. No sé si fue cosa de la dimensión desconocida, pues aun con el switch abajo me acomodé el segundo toque de la tarde sin que pudiera decir pío. Seguro que esto tendrá consecuencias, pensé, mientras sentía el alma doblemente dislocada y un dolor en el orgullo al cuadrado.

Si de algo me preciaba cuando puberto era de poseer una memoria privilegiada, en especial para fechas, lugares, sucesos y demás asuntos propios del chisme cachetón. Pero de un tiempo para acá como que los datos se agolpan, se revuelven y el engrudo se hace bolas. Quizá sea un síntoma de Alzheimer post juvenil o tal vez la sesión de toques acabó por darme en la mía, lo cierto es que lo que antes eran frescas memorias, hoy son borrosos encuentros en pretérito. Esta ilustre incapacidad de volver por mis pasos puede ser todo menos cómoda, aunque hay quien asegura que me otorga la coartada perfecta para hacerme como el tío Lolo, cosa que, por supuesto, La Mengana no me compra ni de broma.

Por eso decidí someterme al rigor de un auto interrogatorio (con tehuacanazo incluido) para ejercitar la memoria. Y de paso darle calma al "puerquecito" que luego de dos descargas comenzaba a oler a ahumado. La paz llegó con música y el rigor del intelecto con un listado de rolitas con fecha incluida en el título, nomás para acabar de hacerle al cuento. El comienzo fue obvio, 7 de septiembre, de Mecano; 16 de febrero, con Meme y Chetes, y 19 de noviembre, de Carlos Vives. Ahí la cosa se puso color de hormiga y hubo necesidad de exprimir la tatema al máximo: Sidecars, con Noche en velero (que alude al 10 de febrero); 21 de octubre, de Bunbury y, finalmente, 20 y 21 de abril, de Celtas Cortos y Loquillo y Los Trogloditas, respectivamente. Nada mal para un tipo cuya condición extática comenzaba a abandonarle al mismo tiempo que la electricidad. Y todo por andar de zopenco y corriente.

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