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Miércoles , 21.11.2018 / 15:14 Hoy

Desmadrugada Culé

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Como recién jubilado se siente uno luego de los primeros días de vacaciones.

Mi tía Juana, La Cachonda, que era sabia en los asuntos de la vida y del amor, solía decir: "Una cosa es échate un taquito y otra quédate a comer", y ahora sé a qué se refería la doña.

Al principio, contar con unos días de asueto es rico, incluso excitante, pero ya estar retozando más de 48 horas cual hipopótamo en lodo es otra cosa.

Simplemente no es de Dios.

Por eso no me dejé llevar por el pánico escénico cuando recordé la hora en que se llevaría a cabo el más grande clásico pambolero del mundo mundial.

"La una de la tarde de Madrid, lo que, si Pitágoras no falla, implica las... ¡seis de la mañana de Mexicalpan de las Tunas!", me dije, con la certeza de que quien primero se moja, primero se seca.

Pero una cosa es decirlo y otra muy diferente hacerlo.

Mucho más si aún se está en trance de vacación desubicadora, que es algo así como un jet lag godinesco.

El espíritu no sabe si va o viene, si las cosas avanzan en su dirección habitual o si retroceden. Y los sonidos de pronto adquieren el ritmo semilento de quien arranca en cuarta velocidad.

Con mi condición de adopta un no-jubilado vacacionista puse la alarma a las cinco con cincuenta de la mañana del sábado.

Esta situación suponía dos cosas, la primera, que dormiría algo así como 180 minutos, debido a la llegada a casa un poco demasiado temprano (tres de la madrugada) y, dos, que, no obstante, mi filia por el deporte de las patadas, la operación despertares sería poco menos que cruenta.

"Al tiempo", me dije.

Y tiempo fue precisamente lo que menos tuve para dormir.

Entre dos o tres abiertas de ojos producto de ensoñaciones nada cálidas y el horripilante sonido del reloj-despertador, fui arrancado de los brazos de Morfeo y devuelto a la tierra, justo cuando el partido estaba por comenzar.

Algo enfermizo debe ocurrir en la mente de un ser humano para hacer cosas así. Algo muy enfermizo.

Con el ánimo culé a medio despertar, me aventé el partido envuelto entre sábanas de franela y con la parte del rostro expuesta lo necesario para mirar la pantalla.

Pero a esas deshoras de la mañana poco o nada se puede hacer para mantenerse en vigilia, como no sea abrir alternadamente los ojos por aquello de no te entumas, pero sobre todo para mantener la vista en el juego del hombre.

Para cuando el show terminó el espíritu merengue yacía maltrecho, el orgullo azulgrana se sentía por los aires y el sueño, como era de esperarse, se había esfumado.

¡Demonches!


fulanoaustral@hotmail.com

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