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Martes , 19.06.2018 / 11:29 Hoy

Australadas

(D)efectos porcinos

Carlos Gutiérrez

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"Una serpiente se alberga en el hombre: su intestino. Ella lo tienta, lo traiciona y lo castiga"

Víctor Hugo

El efecto de la propiedad termogénica de los alimentos es lo que me tiene así, en calidad de zombi y con el espíritu dislocado. El mal del puerco, pa´los cuates. Una cosa verdaderamente lamentable. Alguien debería, nada más por decencia, suspender el curso de la humanidad digamos media hora despuesito de cada alimento. Es que así no se pinches puede, diría mi compadre Orestes Solache, amo y señor de la filosofía del arrabal. En ese momento del día en que puede dejarse venir un sismo de escala méndiga y nadie mover un dedo, es justo donde me encontraba poco antes de escribir esta líneas.

Y nada, ni la cacería del Chapo, que ya debería ser elevada al rango de reality show, me saca de la modorra. Ni el escandalazo del anticlimático Javier Alarcón, a quien le acaban de dar aire en "Telerisa" (¿y ahora quién va a salvarnos de caer en la tentación de escuchar las narraciones de Martinoli?, ¡primero nos dejan sin El Perro Bermúdez y ahora sin Alarcón! ¡Esas son zarandajas!). Me siento peor que el peso, aletargado y sin visos de mejora.

En medio de mi catatónico estado (estoy a punto de salir a caminar, pero siento que arrancaría como en cuarta), me entero de que el Chichafürer Hernández se anotó dos golazos -para como están las cosas con él, cualquier chiripa es un señor gol, digo, ser tan poco el amor y desperdiciarlo en celos-, así que saco fuerzas de flaqueza y me inspiro en una escena de Rocky, situación que me coloca un escaño antes de declararme oficialmente pa´l perro.

La música de la peli ("Going the distance", de Bill Conti), me cae de perlas, aunque jamás lo reconocería públicamente, eso sería una falta de respeto y un atropello a la razón. Pero lo que "de a devis" me acaba por levantar cual dosis cuádruple de taurina con Coca y aspirinas, es un playlist mamelón con rolas para creer que no todo está perdido. Aunque lo esté.

Me dejo ir como gorda en tobogán acompañado por "Loser", de Beck, y empiezo a sentirme un poco y sólo un poco mejor. El turno es de la Beta Band con su clásico "Dry the rain" y no puedo evitar mover la cabecita como diciendo sí a lo que sea, mientras el ritmo del piecito derecho me recuerda al conejo Tambor. Y entonces llega "Crack a bottle", del lépero de léperos Eminem, acompañado de Dr. Dre y 50 cent. Y la hecatombe se hace presente con "Band on the run", el cover que los Foo fighters hacen al clásico de The Wings.

Y ya enfiestado y prácticamente olvidándome del mal del puerco llego a "Laid", de James, situación que me coloca más allá del bien y del mal, pero que me recuerda que después de la tempestad viene la calma. Y que más antes que después acabaré metido nuevamente en ese círculo vicioso que va de la comida a la saciedad por la vía del atascamiento.

Lo cual ocurrió unos minutos más tarde, cuando después del bailoteo y la chunchaca del cuerpo se me apareció la perra (hambre) y dio al traste con el saneado espíritu que recién había adquirido. Si no fuera porque acabando de comer me da un sueño horrendo y despertando muero de hambre, el mal del puerco me lo echaría en tres mordidas, digo patadas. Zzzzz.

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