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Australadas

Aurevoir Rusia

Carlos Gutiérrez

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Finalmente se acabó el mundial. Y no es que no me agrade el pambol, de hecho, hace algún tiempo que recuperé el interés por volverlo a ver. Y nada tuvo que ver con la moda de cada cuatro años. Sucede que comencé a ver fútbol de nuevo a partir de muchas horas de ocio. Y me encontré con las ligas europeas que me maravillaban con velocidad, técnica depurada y espectáculo. Y después con la liga tenochca que me desilusionaba con lentitud, técnica “reapurada” y pantomima. Las primeras me volvían ente cautivo y la segunda me hacía preguntarme con frecuencia si verla era realmente lo que quería hacer los fines de semana.

Se acabó el mundial y todo ha vuelto a la normalidad. De hecho, la ansiada calma llegó con la eliminación de la “Salación Naconal” y entonces muchos de los entusiastas de moda regresaron a sus cubiles, y a otras modas. Aunque, como todos, regresaron de cuando en cuando a mirar, aunque fuera de reojo, el marcador del partido en turno. Así es el deporte de las patadas, enajenante incluso cuando es visto a medias. Tanto así que la final del domingo arrasó con la atención del respetable y suscitó cualquier cantidad de comportamientos.

Desde quienes adoptaron una segunda selección (la gala) a falta de la propia. Y aquellos que se “enemistaron” con el combinado contrario (de los croatas) por considerarlos demasiado-lo-que-sea. Hasta el seguimiento de la presidenta Kolinda Grabar-Kitarović, y esa actitud de mandataria-porrista que tantas imágenes le granjearon las últimas semanas. Pero donde se excedió la fisgoneada fue en la atención a una de las asistentes en la ceremonia de premiación que acabó guardando en la bolsa de su saco una de las medallas para los ganadores.

A grado tal se ha desarrollado el escándalo, que muchos sitios en internet lo manejan como un hurto y son legión los que se preguntan la identidad de la güeroska en cuestión. De ser cierto, porque aún no se sabe nada en concreto, para mí que fue un encargo de gente de la Buenos Aires o de “Tepis”. O en una de esas fue aquel infame cretino que se robó el jersey de Tom Brady en el antepasado Super Tazón, pero disfrazado de rubia de buenas manufacturas. Sabrá Dios, lo cierto es que el misterio está en el aire y ya se sabe que los tuiteeeeros son huesos duros de roer y no van a dejar el tema en el olvido.

El chiste es que el mundial se acabó y ha llegado la hora de quedarse sin pretextos para no trabajar, para empinar el codo incluso a las diez de la mañana. Para tirarse a la hamaca porque medio país está detenido esperando que la esperanza verde juegue como nunca y pierda como siempre. Se acabó y ya no hay argumento para aprovecharse de la distracción de la gente y sacar tajada electoral. Se acabó y ha llegado la hora de saber si hemos de comportarnos como hombres o como lo que somos. 

@fulanoaustral

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