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Columna de Carlos J. Guizar

Mejor ni te enfermes

Carlos J. Guizar

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Alrededor de 24 millones de mexicanos no tienen acceso a servicios de salud privados ni públicos, según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

Los hogares mexicanos destinan 41 de cada 100 pesos de su gasto de no subsistencia en salud (ya quitando alimentación), el doble del promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

El “gasto de bolsillo” en salud son recursos que una familia podría invertir en educación, una mejor vivienda o en su patrimonio.

Uno de los principales temores que enfrenta la mayor parte de la población tiene que ver con ir al médico. Por ello, haremos tres reflexiones en torno al sistema de salud y lo que nos representa para los mexicanos.

Primero, los ciudadanos pagamos los platos rotos. En este sexenio el presupuesto para la Secretaría de Salud bajó 20 por ciento, lo que orilló a más mexicanos a atenderse en el sector privado (SinEmbargo, 07/02/18).

México es el país que menos recursos públicos destina al sector salud en la OCDE, sólo el 3 por ciento del PIB Nacional, que se refleja en servicios deficientes, largos periodos de espera y pocos medicamentos, según el informe “Pequeños pasos para transformar al sistema de salud” (IMCO, 2018).

La baja inversión pública y el gran número de afiliados, hace que los tiempos de espera en el IMSS sean casi tres veces más largos que en el sector privado y que cuatro de cada 10 personas con diabetes, hipertensión y dislipidemia que acudieron a los servicios estatales no pudieran salir con todos su medicamentos.

Segundo, endeudarse para curarse. Si una familia promedio tuviera que pagar el tratamiento de un integrante con diabetes en el sector privado, no le alcanzaría su ingreso de todo el año para cubrirlo y todavía tendría que endeudarse.

Un hogar promedio usa dos veces todo su ingreso anual para pagar el tratamiento de cáncer de mama y siete veces en el caso de leucemia.

Tercero, cada vez será más caro. Para pagar una enfermedad catastrófica en 2010, una familia habría usado su ingreso completo para cubrir el tratamiento pero para 2024 tendría que utilizar alrededor del doble de su salario para poder costearlo.

Al año se pierden más 78 mil millones de pesos por ausentismo laboral, la mitad es desembolsada por las empresas formales, al pagarles el día perdido a los empleados.

Debido al gasto de bolsillo en salud, en un escenario conservador, se estiman pérdidas de ingreso que podrían alcanzar los 302 mil millones de pesos, que equivalen a 2.8 veces el presupuesto de SEDESOL ó 7.3 veces el de la UNAM.

A pesar de las deficiencias del sector público, de acuerdo al IMCO, el sector privado tampoco representa una garantía porque los pacientes no son el centro del sistema, no tienen indicadores para conocer qué servicios son mejores y no saben si son sobremedicados o sobrediagnosticados.

La transformación del sector salud es un balón que se ha pateado por años, sin embargo, estamos a muy poco de enfrentar una fuerte crisis, en la que los afectados serán principalmente quienes menos tienen.

En lugar de representar tranquilidad y certidumbre, el acceso a la salud significa un gran gasto para las familias mexicanas y que genera mayor pobreza.


@carlosjguizar

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