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Domingo , 22.07.2018 / 00:04 Hoy

Columna de Carlos J. Guizar

La criticamos, pero ahí estamos

Carlos J. Guizar

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Uno de cada dos mexicanos ha dado un soborno en los últimos 12 meses, haciéndonos el país con más casos en América Latina pero, no sólo eso, también somos el país más corrupto de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), según Transparencia Internacional.

De una lista de más de 170 países, pasamos del lugar 70 al 123 en 10 años, teniendo una calificación de 30 de un máximo de 100 puntos en el Índice de Percepción de la Corrupción, para tener peor desempeño que Brasil, China, Jamaica o El Salvador.

Después de la inseguridad, la corrupción es el segundo tema que más preocupa a los mexicanos y el 79 por ciento considera que es un problema serio, según Mexicanos unidos contra la corrupción y la impunidad (MUCI).

Entonces, si a la gran mayoría de la población nos preocupa la corrupción ¿por qué estamos entre los países más corruptos del mundo?.

Mucho tiene que ver en que consideramos que es algo lejano, ya que 43 por ciento de los mexicanos piensa que en sus familias nunca son corruptos (CIDE e Instituto Mexicano para la Competitividad).

La corrupción es un mal que nos afecta a todos, por lo que a continuación nos enfocaremos en tres de sus muchas consecuencias.

Primero, la corrupción nos empobrece.

A una familia promedio, la corrupción le cuesta 14 de cada 100 pesos de su ingreso anual, pero en un hogar con salario mínimo, le cuesta poco más de una tercera parte de lo que gana en un año.

Como país, se estima que la corrupción nos cuesta cerca del 10 por ciento del Producto Interno Bruto, cinco veces más que el promedio mundial (Forbes, 11/07/17).

Segundo, la corrupción hace que todo nos salga más caro.

El 44 por ciento de las empresas ha reconocido dar algún soborno y dos terceras partes lo hizo para trámites, licencias o permisos pero ese pago extraoficial lo terminamos sufriendo todos con precios más altos, menos inversión y falta de empleos.

Tercero, la corrupción genera impunidad y desconfianza en las instituciones.

Hay 97 por ciento de posibilidades de que un delito no se castigue ni se resuelva, lo que desanima a que la gente vaya a declarar, ya que seis de cada 10 mexicanos considera que no sirve para nada y nueve de cada 10 que las autoridades no cumplen con la ley (MUCI).

Además, cuatro de cada 10 mexicanos están dispuestos a violar la ley cuando consideran que tienen razón, por lo que pocos ven probable recibir un castigo y, segundo, a que hay una buena posibilidad para que se presten a la corrupción.

Aunque pensemos lo contrario, la corrupción está a nuestro alrededor y debe ser tarea de todos combatirla porque, el primer error, es considerar que sólo es responsabilidad de unos cuantos y no de todos nosotros, ya que no hay nadie que no sufra sus consecuencias.

Si la fomentamos, generamos que se pague más por ella y se respete menos la ley.

Debemos combatir la corrupción sin medias tintas en nuestro día a día, exigirles a las autoridades y señalarla porque al final nos sale más caro, debilita a las instituciones y nos afecta más aunque al principio parezca la opción más fácil.

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