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Columna de Carlos J. Guizar

El fracaso ante la crisis migratoria

Carlos J. Guizar

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Cada año cruzan por nuestro país más de 450 mil migrantes para llegar a Estados Unidos, por lo que este éxodo hondureño no es algo nuevo (Organización Internacional para las Migraciones).

De las más de siete mil personas que integran la caravana migrante, una de cada tres son niños, lo que les pone en una situación todavía más vulnerable (Milenio, 22/10/18).

Esta situación no fue repentina y muestra lo reactivo que ha sido el Gobierno de Peña Nieto en temas de migración, así como la pasividad de las autoridades centroamericanas ante la salida de sus connacionales.

La crisis humanitaria refuerza los cuestionamientos hacia la política migratoria mexicana, de la que analizaremos tres aspectos.

Primero, política deshumanizada. Con cuatro de cada 10 migrantes detenidos por el Instituto Nacional de Migración (INM) se violó el principio de no devolución, es decir, el regreso forzoso de una persona a un país en donde puede tener un riesgo real (Amnistía Internacional).

Las tasas de homicidios en Honduras, El Salvador y Guatemala tienen niveles catalogados como epidémicos por la Organización Mundial de la Salud. Llegan a superar cuatro veces las cifras de asesinatos por cada 100 mil habitantes que tenemos en México.

Hacemos la chamba de otros. México deportó a 325 mil 560 migrantes centroamericanos de 2011 a 2014, en los últimos tres años aumentó a 436 mil 125 deportaciones. Inversamente, EEUU bajó sus números en casi 100 mil repatriados (El Universal, 21/10/18).

Segundo, candil de la calle. Al 75 por ciento de las personas que detuvo el INM no se les explicó que podían pedir asilo o refugio, a pesar de ser su derecho.

Poco más de la mitad de los migrantes detenidos no fueron informados, en un idioma de su comprensión, que podían comunicarse con un representante legal o alguien de su confianza.

El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos ha criticado que nuestra política migratoria se rige por tres principios: detección, detención y deportación, en lugar de velar por los derechos humanos.

Tercero, ¿las autoridades los protegen? Se calcula que en uno de cada cuatro crímenes que se cometen contra los migrantes estuvieron vinculadas las autoridades (EFE, 21/08/18).

En los centros de detención son hasta torturados para que firmen sus papeles de retorno. Además, hay continuas denuncias contra el INM por casos de corrupción, violaciones a los derechos humanos y complicidad con el crimen organizado (Excélsior, 24/08/18).

Esta crisis muestra a un gobierno reactivo y deja ver las deficiencias de un sistema migratorio al que le urge un rediseño integral.

Ahora la duda ¿qué hará el Gobierno de la República cuando buena parte de los migrantes se quede en la frontera norte? Más si la situación se agrava con extorsiones, prostitución o el crimen organizado.

Necesitamos una política migratoria de largo plazo, que no criminalice y que promueva una mayor coordinación, no sólo con EEUU sino también con Centroamérica y que sea más humana.

@carlosjguizar

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