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Jueves , 13.12.2018 / 04:11 Hoy

Columna de Carlos J. Guizar

¿Cómo decidimos el voto?

Carlos J. Guizar

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El 95 por ciento de nuestras decisiones las toma el subconsciente, aunque parezca que surgen de un ejercicio de reflexión porque el cerebro decide hasta 7 segundos antes de realizarlas, según el Instituto Max Planck (CBC, 10/03/16). 


El cerebro ocupa 20 por ciento de nuestra energía, así que para ahorrarla, decide por medio de emociones, experiencias previas y sentimientos, ya que un análisis racional le representa más esfuerzo, tiempo y gasto energético (Neuromarketing, 25/11/16). 

 
Parece que tomamos decisiones totalmente racionales pero, en realidad, nuestras emociones juegan un rol importante. Así que haremos tres reflexiones en torno a cómo decidimos nuestro voto. 


Primero, la ira y el temor conectan más que la razón. 


El miedo es la emoción que más puede movernos e influir al momento de elegir porque es un mecanismo de supervivencia, que nos activa y nos pone en alerta(Universidad de Michigan). 

 
La ira, el miedo y encontrar a un enemigo común, conectan más fácil que muchos argumentos elaborados ya que generan emociones fuertes, en poco tiempo y motivan a la acción. 


Segundo, demasiada información satura. 


Cuando el cerebro recibe muchos datos, actúa inconscientemente de manera intuitiva, con emociones, rápido y gastando poca energía; en vez de evaluar, analizar y esforzarse, de acuerdo al psicólogo Daniel Kahneman (Cultura Colectiva, 16/05/18). 


Tercero, la decepción también vota. 


Cuando estamos frustrados es más difícil controlar nuestras emociones y pensar de manera clara. El pensamiento se vuelve radical, hay poca tolerancia y se busca satisfacer las necesidades de manera inmediata, al pretender alcanzar recompensas al corto plazo sin pensar en las consecuencias (Psicología y mente). 


En México la frustración viene de saber que somos los que más trabajamos pero los que menos ganamos en la OCDE; que hay más mexicanos que no pueden comprar la canasta básica que gente en Colombia y que nos tardaríamos 120 años para apenas comenzar a reducir la brecha entre los más ricos y los más pobres (CONEVAL y CEPAL). 


A lo anterior, hay que sumarle los casos de abusos de autoridad, corrupción e impunidad, que hacen que sólo uno de cada 10 mexicanos confíen en los partidos políticos y en el gobierno (Latinobarómetro 2017). 


El enojo, la frustración o el miedo no son los mejores compañeros en la toma de decisiones. A pesar de tantas emociones, muchas de ellas negativas, busquemos un voto informado, a conciencia, para que no nos pase como cuando decidimos enojados y después nos lamentamos. 


Más allá de lo que pase en una votación, hay que remar parejo con quien decida la mayoría porque si sólo las emociones nos gobiernan, México seguirá igual, aunque estaremos más divididos como sociedad, olvidándonos que todos somos mexicanos. 


Razones para estar molestos hay muchas, pero mejor encontremos aquellos puntos que nos unen porque el día después de las elecciones seguiremos juntos en el mismo barco.

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