Floyd Mayweather vio con atención una película llamada The Great White Hype, cinta donde el protagonista Damon Wyans interpreta al mejor boxeador de su era, que deja de vender pagos por eventos porque todos sus rivales eran de raza negra.
Cuando apareció en su camino Conor McGregor con sus provocaciones sabía que venía una mina de oro, alguien con antepasado de boxeador amateur, que no podría ponerse en forma para vencerlo a tiempo, pero que podría ser un fenómeno de taquillo.
McGregor le dio tres rounds competitivos, tal vez más divertidos que la pelea completa ante Manny Pacquiao, pero nunca tuvo una oportunidad real de derrotarlo.
285 millones de dólares más tarde encontró al rival para la secuela, Khabib Nurmagomedov, quien barró con McGregor en el octágono y hasta lo sentó con la especialidad del gimnasio AKA, el volado de derecha. Mandar a la lona a uno de los mejores golpeadores zurdos de la historia del peso ligero le hace pensar hoy, que puede subirse al cuadrilátero.
Khabib es un rival fácil, casi ridículo con todo y los 41 años de Mayweather. Si el irlandés, con una breve carrera amateur de boxeo y un gran enfoque en su pelea de pie no pudo; el ruso, cuya base es el sambo y la lucha, estaría perdido en un cuadrilátero. Y nadie dice que Khabib no sea un gran atleta, mejor que Conor, pero le tomaría muchos años poner su boxeo a forma para enfrentar al máximo vendedor de la historia.
Por dispareja que parezca, Floyd está midiendo el terreno, si la bola de nieve se va haciendo más grande le tomará la palabra a Khabib en cuanto salga de la suspensión que seguramente le impondrá la Comisión Atlética del Estado de Nevada por los incidentes de UFC 229. Se volverá a llenar los bolsillos y de paso ganarle la competencia a Canelo Álvarez y su flamante contrato.
carlos.contreras@milenio.com
twitter@CCLegaspi