Miguel Herrera llegó al América como un antagonista del club, sus múltiples declaraciones en contra de los de Coapa se olvidaron gracias a los buenos resultados ante los rivales más odiados y logró el momento cumbre de su carrera como entrenador en una final de ensueño ante el Cruz Azul.
Anoche, América dejó ir otra oportunidad de esas, el momento en el que el aficionado empezaría a creerle de nuevo a este equipo, matar dos pájaros de un tiro, ganar el Clásico Nacional y de paso rebasar a Cruz Azul en la cima de la clasificación. Callar al vecino incómodo, que ha pasado la mayoría del torneo presumiendo sus buenas entradas y la superioridad en la tabla.
No se remite a un mal cobro de Mateus Uribe, que ya ha fallado otros penales importantes con América y en la Copa del Mundo con su selección, sino a un partido en el que la columna vertebral del Piojo no pudo superar ampliamente a un Guadalajara repleto de jóvenes.
La semana termina siendo muy mala para los americanistas, la eliminación en la Copa hubiera quedado en el olvido y por el contrario termina en una escena similar a la de la final que Herrera perdió ante León. Donde acabó culpando al árbitro y dejando la autocrítica de lado.
Sí, el gol de Guadalajara pudo ser invalidado en caso de que el VAR ya estuviera operando, pero América no fue tan superior como la clasificación lo indica ni como la profundidad de las plantillas podría marcar. Debió aprovechar mejor los siete tiros de esquina que cobraron, debieron disparar en más de cuatro ocasiones a puerta, debieron pesar mucho más Uribe y Guido Rodríguez que Fernando Beltrán, que evidenciaba su poca experiencia en Primera solo por su número de tres dígitos.
Como dijo Miguel, a dejarlo atrás, porque el sábado tienen otra oportunidad ante Tigres, en un escenario mucho más complicado que el del Clásico.
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