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La letra desobediente

¿Y el legado de Octavio Paz?

Braulio Peralta

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Marie-José Tramini baila un vals con Octavio Paz en la entrega del Premio Nobel de Literatura en 1990, en Estocolmo. Los dos sonríen. Son cómplices desde los años 60, que se conocieron. Nunca se supo de escándalos íntimos entre ellos, no al menos como los que tuvo con su primera esposa, Elena Garro. Y menos sufrimiento como los que el poeta padeció con la pintora Bona de Piscis —amante del autor de La llama doble, y a la vez enamorada de Francisco Toledo, como lo cuenta Guillermo Sheridan en su libro Los idilios salvajes.

En Suecia, la esposa de Paz conserva una discreción en todos los actos y le da a la hija de Octavio Paz, Helena Paz Garro, su lugar en los festejos para la ocasión. Es el momento en el que Helena pide perdón a su padre por los agravios pasados y donde el poeta reconoce igualmente los errores ante su hija. La felicidad primero. De todas formas volverían a discutir años más tarde…

Octavio Paz guarda la discreción del caso para que Marie José Tramini exponga en Madrid, en los 90, su obra plástica, ensambles influenciados por el artista estadunidense Joseph Cornell. No hay vanidad en la artista, hasta cierto tipo de humildad al señalar que fue una noche que visitaron a Cornell, en los 70, que se embrujó con los ensambles de Cornell. “Yo, si mucho, soy una alumna de su obra”, me dijo alguna vez.

Ella escoge fotografías de Octavio Paz para acompañar la edición de mi libro El poeta en su tierra. Paz la deja hacer. Yo insisto en la imagen de lo que sería la portada de la primera edición —gracias a los oficios editoriales de Consuelo Sáizar. “Tienes razón, con sus años hoy, en plena sabiduría, y guapo. Es una foto que tomé en El Escorial”, me dice la esposa del poeta. El amor de ella, nadie puede negarlo, fue total. Prefirió estar detrás siempre, sonriendo, invariablemente.

Ella y un servidor mantuvimos una distancia sana a través del teléfono. Nunca dejé de insistirle en que tuviera para Octavio Paz un agente literario, que no dejara las cosas sin resolver. Los archivos, la biblioteca, las cartas de los amigos de Paz, con intelectuales y artistas. Aún no sabemos qué pasará con eso. No hay herederos de ninguno de los fenecidos. Y hasta que el abogado de Marilló —como Paz le decía— informe el estado de las cosas, los mexicanos esperamos una buena noticia…

TRASPIÉ: ¿Quizá ahora Guillermo Sheridan podrá concluir su obra biográfica de Octavio Paz, sin duda lo mejor que se ha escrito hasta ahora? Marie-José le negó los archivos de Paz y Sheridan tuvo que renunciar a la Fundación Octavio Paz, cuando el poeta era a quien más confianza tenía…

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