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Sábado , 21.07.2018 / 20:21 Hoy

La letra desobediente

Tuxpan, Edomex y AMLO

Braulio Peralta

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En Tuxpan, Veracruz, han gobernado del 2000 para acá PRI, PAN y PRD, y nadie ha quedado contento. Pero en el Estado de México el PRI sigue siendo el rey de la comarca, desde 1925. En Tuxpan, hoy, un independiente busca la presidencia del municipio huasteco y es probable que gane elecciones, si hacemos caso del curso del voto los últimos años. En el Estado de México, las apuestas están cerradas, difícil pronóstico (a pesar de “la esperanza de México” —el partido de AMLO, Morena— que, o ganan, o hay chanchullo).

Ya casi nadie cree en los partidos. Se observa a los candidatos con lupa. Por eso los ataques certeros a los aspirantes a presidente, gobernador o alcaldías. Parece enrarecido el ambiente pero, en realidad, empezamos a hacer uso de la democracia y el voto libre, individual, sin corporaciones de por medio. ¿Delfina, Juan Zepeda o Del Mazo en Edomex? Yo votaría por Zepeda porque no quiero volver a saber nada, ni de Delfina ni de AMLO, que se dicen de izquierda pero no respetan la diversidad sexual, por prejuicio o temor a las religiones ¡en un estado laico! O en Tuxpan, a favor del independiente Tavo Greer y su equipo que quiere hacer historia en el último puerto, al norte de Veracruz (el único municipio que ha tenido esa alternancia política).

El voto es de quien lo trabaja, no de quien lo traba. AMLO se la ha pasado dividiendo al país, igual que hizo el antiguo priismo —su origen—. Conste: he votado desde el 2000 por él, pensando en la izquierda. Ya no. La gota que derramó el vaso: su superioridad política ante los medios de comunicación: le parecen corruptos mientras no estén de su lado, y lo dejen hablar, sin chistar.

Él, que habla de corrupción —y tiene razón—, se atreve a decir a la gente, en sus spots para elecciones que “tomen lo que les dan”, pero “no regalen su voto”. O sea, “pueblo bueno”, acepten la corrupción que nadie los va a desenmascarar. Nunca va a decir que ciudadanos, pobres o ricos, pueden ser deshonestos. Porque la corrupción no tiene clase social.

Está cercano el cambio democrático y el fin de la corrupción, gracias en gran parte a AMLO. Pero sin duda y en gran parte también a la sociedad civil liberada de partidocracias, corporativos públicos y privados, centros de educación y caudillajes. Y a escasos políticos que quieren hacer la diferencia, más allá de sus filiaciones.

Me ha costado mucho decir lo que pienso. Quedo mal con la izquierda, el PRI y el PAN. Ni modo. No es hora de esconderse. No es época de revoluciones pero sí de cambios democráticos, de ser incorrectos. Lo veremos el próximo domingo.

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