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Domingo , 21.10.2018 / 10:21 Hoy

La letra desobediente

Plazuelas

Braulio Peralta

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El mensaje fue presagio: "Me estoy muriendo, la tos resultó neumonía. No puedo hablar".

Era Carlos Castañeda, arqueólogo que en Guanajuato reconstruyó Plazuelas, un pueblo de cinco mil habitantes: sin carretera, sin comercio, sin futuro; los años lo convirtieron en espacio prehispánico, referencia fundamental para quitarle a ese estado el concepto único de "colonial" y devolverle su pasado, referente para comprender el paso de los indígenas por ese lado de México.

Recibiste la misiva a las ocho de la mañana del 28 de junio. Tres horas después moriría en su "Casa de la Luna", en la capital de Guanajuato. La noticia corrió como susurro en Plazuelas, donde Carlos Castañeda tenía muchos ahijados, amigos, familias enteras que le viven agradecidos por su labor altruista.

El Instituto Nacional de Antropología no sabe cuidar y preservar el profesionalismo de algunos de sus trabajadores que —como Carlos Castañeda— entienden el rigor de la entrega para un trabajo, no solo sobre las piedras antiguas y su valor patrimonial, sino el lado humano para buscar que la comunidad se involucré en el quehacer de los especialistas. Reducir esa entrega impecable a un pinche boletín de prensa habla mal de quienes dirigen ese instituto: no se vale, Tere Franco.

El pueblo mostró —con su duelo, con su presencia en el velorio, con sus lágrimas— que sabe más de piedras que la institución que dice preservar el patrimonio de la nación. El INAH debió hacerle un homenaje in situ a Carlos Castañeda, y pedir a la familia que le dejaran unas horas el cuerpo, como un merecido acto de reivindicación a un hombre consagrado a su oficio. Ojalá no se tarden en reivindicar ese nombre en el lugar indicado: Plazuelas, la de los petroglifos. No cualquiera convierte un pueblo en fertilidad.

No es solo tu amistad a Carlos Castañeda. No. Conoces su trabajo, escritos, libros alrededor de Guanajuato. No es el único, desde luego, pero sí es el primero en abrir el centro ceremonial que abrió las puertas al Guanajuato prehispánico y colonial. Parece poco pero la historia no dirá lo mismo.

Se te atragantó la respiración con el mensaje de Carlos Castañeda. No hubo tiempo de despedida. Pero sí: fuimos el año pasado a un pueblo cerca de Tlacotalpan a ver el Mictlantecuhtli que está allí: un Dios de la muerte mal resguardado para gente que vive de espaldas a nuestra prehistoria.

Descansa, querido amigo.

Twitter: @Braulio_Peralta

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