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Lunes , 15.10.2018 / 03:51 Hoy

La letra desobediente

M de Monroe

Braulio Peralta

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Soy M.M. Pienso cómo Arthur se burla de mis textos. Nadie me tomó en serio y por eso nadie se enteró lo suficiente de mi desconcentración. Cualquiera puede ver el caos de mi pensamiento en mis libretas de apuntes, hojas sueltas de cuadernos, sobres, tarjetas, páginas de directorio, con cartas y notas personales inundadas de soledad, como un socorro constante que reclama a la vida su melancolía.

Nerviosa, dispersa, asustadiza: frágil como una mariposa. Cansada, deprimida, insatisfecha, escucho a mi maestro de actuación, repetirme: "Solo la concentración separa al actor del suicidio". El suicidio, sí, el deseo de acabar con la acumulación de la tristeza, de esa mujer hueca, dicen, sex symbol a la que Elia Kazan me negó el papel en "Baby Doll", aquella joven virgen. Me dijo que el público jamás me lo creería. Recurro a las recetas de cocina para evadir la realidad.

Termino en un hospital de Nueva York en la división de psiquiatría, ¡en la planta de los peligrosos! Era una pesadilla vivir con los chiflados. Mi seguridad emocional se va al bordo. Solo Brando me comprende, hasta el final. No sé si fue la sugerencia de Lee Strasberg de entrar a psicoanálisis lo que me condujo hasta aquí. No lo sé.

Pero he derramado muchas lágrimas en el silencio, lejos de los reflectores.

Insomnio, pesadillas, enclaustrada en un cuarto que oculta las ventanas, en el aullido de otros pacientes. Nadie creyó que yo era diferente a los demás. Me asesinaron en vida y perdí mi identidad. No hubo regreso. Allí se fraguó la idea de morir. Ahí se dio mi primer intento de desaparecer con 10 seconales y 10 tuonales tragados con alivio. Pero me despertaron...

Si me precipité, ya no importa. Si otros me orillaron a la decisión final, con mis propias manos, tampoco. Ya estoy dormida. Cada año acuden mis fans a la cita de recordarme. Gracias, queridos. Yo de vez en cuando despierto a esos murmullos que me aclaman, que piden por mí, que van a mi tumba a dejar flores. Es el río que se agita, el viento que pronuncia mi nombre, la lluvia que moja mi cuerpo: la Gioconda desnuda.

Vivo en el estruendo de lo desconocido. Escucho los sollozos de la vida. Soy ese mito, ese icono sexual del imaginario colectivo. Soy la prueba de que una tragedia te catapulta a la eternidad. Ya fui y vine del Mictlán por muchos años. Conozco el camino de retorno. Hasta el próximo agosto.

Sánate, Lupita.

Twitter: @Braulio_Peralta

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