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Lunes , 16.07.2018 / 23:34 Hoy

La letra desobediente

La madre del bien y del mal

Braulio Peralta

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¿Qué es lo que no entiendes?

¡Es un enamoramiento! Ella es más importante que mi propia vida. Cualquiera que pretenda alejarme de ella se convierte en mi enemigo. Ni el sexo es más sublime que el amor a ella: podría dejar de comer, de tener amigos, de vivir sin pareja, solo, sin más que morir. Lo que importa es mi entrega total...

Cuando me hablan mal de esto, entiendo sus razones, pero no me llegan. Mis emociones niegan aceptar que me hace daño ese acercamiento permanente. Es mi adicción lo que no alcanzan a comprender. No tienen idea de lo que significa para mi ese delirio. No hay palabras que expliquen mi dependencia a ella...

Pero, ¡óyelo bien!, la voy a dejar. El 10 de mayo iré a ver a mi madre para que me dé su bendición. Le cantaré, junto con Pedro Infante, “despacito, muy despacito, se fue metiendo en mi corazón”. Ella, mi madre, es la única que puede comprender lo que la cocaína o la piedra significan en mi cuerpo. Ellas, la cocaína y la piedra, son el suplemento de mi madre. Mi bien y mi mal. Por eso iré al cementerio a decirle que voy a internarme, esta vez, espero la última vez: saldré vivo o muerto…

He intentado dejarla muchas veces y siento que me amputan partes del inconsciente. No es el dolor, es la ansiedad —como el vampiro que no puede vivir sin sangre—. Ella, la cocaína, se aferra como un caldo ardiente en mis venas. Me devora y me hace un hombre sin voluntad. Recurrí a la piedra inhalada porque la coca destruyó mi nariz y mis sangrados eran constantes. Mi familia se dio cuenta y busqué otra forma para ocultarlo. Esto es una enfermedad: más sólido que las buenas costumbres…

Mi madre lo sabe porque a ella la mataron las emociones. No supo razonar sobre los hombres. No puso límites y fue destrozada, maltratada, vejada. Cuando ella murió yo apenas sumaba 3 años. Fui el último de sus hijos —12, de diferentes padres—. Fue mi abuela la que me crió. Están en la misma necrópolis y les llevaré la música que les gusta. Sonia López a mi madre: “Aunque me cueste la vida, sigo buscando tu amor…” Pedro Infante a mi abuela. Las dos son mi madre: las dos saben que soy gay…

Y ya, sin preguntas, reportero. Déjame en paz. Mejor intenta vivir los porqués de mi adicción. Piensa en Dios y acertarás. A lo mejor la vida de los seres es otra donde las sensaciones gobiernan en el universo de los desahuciados. No se puede comprender mi vida con la ciencia. No, mientras no sepas lo que es un ser humano que vive con la intensidad de ella: esa química que no me deja en paz.

(No sabemos si Omar cumplirá su palabra).

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