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Miércoles , 17.10.2018 / 21:05 Hoy

La letra desobediente

Jesús en el Catorce

Braulio Peralta

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Con Jesús en la boca, las religiosas llegan a la calle de Ecuador número 26 sin conocer la historia del antiguo Catorce o "Las adelitas" —ahí donde el cuerpo era más radical que el espíritu y la carne despertaba sin pensar—, para crear en su lugar un dispensario, un hospital, una casa hogar para mujeres embarazadas y un comedor para pobres. Las monjas adquieren el espacio del que Carlos Monsiváis escribiera lo que vox populi modificó a la letra de Juan Gabriel: "Tú me la vas a hundir/ te juro por mi madre/ me la vas a hundir..."

Prostitutas, soldados, travestis, chacales, homosexuales y periodistas acudían al Catorce a bailar, mirar o en busca de sexo gratuito o barato, según lo que aparezca. A más de uno le robaron y la leyenda se dio sin permiso oficial de por medio en la ciudad donde todos somos anónimos mientras no demostremos lo contrario. Hasta que un día cerraron el lugar por los crímenes allí cometidos.

Las devotas de Cristo adquirieron el galerón abandonado para convertirlo en un servicio hospitalario. "Todo por Dios", reza su fuerza de voluntad. El comedor brinda servicio a 500 comensales al día que por cinco pesos comen un menú de nivel popular, limpio y vitamínico. Las embarazadas tienen atención decorosa, en recámaras privadas, con alimento y pueden quedarse allí hasta que tengan la voluntad de salir caminando con su vástago.

El Hospital Jesús Médico le ha cambiado el aspecto a la calle de Ecuador, famosa también por el extinto "Baños Ecuador", donde acudían cientos de homosexuales en busca de sexo clandestino o, como escribe Monsiváis en Apocalipstick: "De reputación no exactamente higiénica, y donde aun se intuye el Comala espectral de toallas y jabones y jadeos". Nada de eso existe hoy porque la calle —de indigentes, drogadictos, de comederos, o de los comerciantes—, tiene un dispensario al nivel de las necesidades de quienes prefieren a "Jesús médico", que el Seguro Popular.

Para nadie es secreta la reticencia de este columnista a las nociones de Dios o Cristo en la cruz. Pero la fe de las monjitas que atienden el espacio es más que humano. El articulista fue testigo de su solidaridad con los desposeídos que auxilian desde 2003, que erigieron su altar de salud con tal de que las mujeres salven la vida del bebé. Adiós a la calle de Ecuador, hoy centro donde Jesús arribó al Catorce.

¡Gracias, Christian Balderas!

braulio.peralta@milenio.com

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