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Lunes , 18.06.2018 / 11:29 Hoy

Guía de la violencia

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Diego Fernández de Cevallos
Héctor Aguilar Camín
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    En Paisaje de Allende, Coahuila, un matorral parecido a las hojas de los árboles llorones pero negros, impiden ver lo que ha ocultado el tiempo desde los días de la violencia desatada los últimos años: quién los desapareció, cuántos murieron en realidad, quiénes son las autoridades involucradas, cuáles derechos humanos. Paisaje donde los colores de la realidad se ocultan en el fondo de la composición: amarillos y rojos, blancos o azules y naranjas.

    O la Postal de Juárez: dos radiografías de cráneos intervenidas en azules y negros con oro diamantino. Todo México y el mundo conoce los crímenes perpetrados contras las mujeres sin familia, sin clase, paupérrimas, carne de cañón de quienes violentando las leyes sociales y la fe masacran cuerpos, destazan piernas y cabezas, entierran clandestinamente asesinatos impunes. Cine, teatro, literatura y poesía ha sido el destino de estas historias sin derechos humanos. Hoy es una postal, una pintura colgada realizada para verter razones que puedan dar cuenta del sadismo.

    Un Atardecer en Cocula, Guerrero, por ejemplo. Ese rojo resplandeciente que prefigura al buitre como un Dios en tierra irredenta de armas ilegales y dolientes sin respiración. Cerca de Nochistlán, ¿se acuerdan? 43 es la cifra. Sigue el desconocimiento de la verdad hoy revertido en acrílico y placas radiográficas sobre madera, como la boca de entrada a ese camino oscuro de Dante. Se alcanza a ver en la obra aquel grito de Edward Munch…

    Huesos. San Fernando, Tamaulipas son las sobras de los migrantes que no llegaron a ningún lado en su camino al progreso. La composición, los colores, las texturas son el acabado para que el espectador recuerde esa área de la historia donde las vejaciones están predeterminadas por la ausencia de autoridad, seguridad y preservación de la naturaleza y lo humano. El artista plasma un trazo enérgico, furioso, implacable sobre ese espanto hoy convertido en belleza con la paleta de colores. Es una guía de la violencia transmutada al arte.

    Obra que concentra la rabia justo en lo que oculta. La membrana ocular, tensa ante la frondosidad de la obra pictórica. La mente quiere entender, pero la pintura solo quiere ser. Donde la realidad se transfigura en técnicas mixtas. Con todo, la razón persiste y, a fuerza de comprensión, quiere atar la realidad con el arte. Realismo y abstracción sublimados. La belleza del arte al servicio del horror. A ver si así despertamos...

    TRASPIÉ: Se trata de la muestra Conjuro, de Guillermo Arreola, en Casa Lamm. Una tarántula ilusionada los espera…

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