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Martes , 16.10.2018 / 11:48 Hoy

La letra desobediente

Ética cultural

Braulio Peralta

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Es relativamente nueva la creación de una secretaría o ministerio de cultura en América Latina. Apenas Argentina la institucionalizó en 2014 y la dirige una cantante folclórica, Teresa Parodi. En Ecuador se hizo en 2013 y en Perú y Colombia, en 2010. Guatemala en 1986 y Uruguay desde 1970. México tiene 25 años discutiendo si lo lleva a cabo o no, hasta que Enrique Peña Nieto lo anunció sorpresivamente en su último Informe de gobierno.

En Europa, Francia encabezó en los tiempos de Charles de Gaulle la dirigencia para la cultura con el escritor André Malraux, en los 60. Luego, con Miterrand, llegó al Ministerio de Cultura Jack Lang. Los dos fueron polémicos pero fructíferos para bien de su país. Hay instituciones y bienes culturales de prueba. En naciones socialistas los ministerios de cultura servían más bien para control y cooptación de intelectuales y artistas, o persecución de los mismos, que podían terminar en Siberia o en campos de concentración.

Estados Unidos es otra cosa. Desde 1964 existe el national council on the arts (consejo nacional de las artes) que han presidido figuras como Gregory Peck, Elizabeth Asley, Oliver Smith o Leonard Bernstein. En 1965 crearon el National Endowment for the Arts (dote nacional para las artes) para financiar proyectos culturales. El Estado —desde la presidencia—, patrocina, pero no interviene, en la libertad de los creadores. No coopta como sucede con las becas en México, por ejemplo.

Hay talento, hay presupuesto. Hay subsidios si hay disciplina. El éxito no es estatal: es de los artistas e intelectuales. La promoción no la hace el Estado: es el artista el que se proyecta con el público. El Estado, un vehículo, no protagonista. Nada de eso ha pasado en México los últimos años: las autoridades de Conaculta presiden cualquier evento cultural por encima de los artistas. Ya basta, ¿o no?

El nuevo o la nueva para ocupar la Secretaría de Cultura en México necesita un perfil de servicio a la comunidad cultural que nadie ha tenido hasta ahora. Sin excepción. Son los que anuncian, declaran, promocionan, son la foto en los medios. Luego, los creadores. Debería ser al revés. Por eso en Francia y Estados Unidos son culturalmente potenciales, porque son los creadores quienes dirigen sus destinos con o sin patrocinios.

Forma es fondo. Lo prehispánico, criollo y colonial, mestizo y vernáculo, la amalgama de raíces que somos merece cultura con ética.

Si es mujer, mejor.


Twitter: @Braulio_Peralta

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