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Sábado , 22.09.2018 / 12:59 Hoy

La letra desobediente

Equidad

Braulio Peralta

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No es que me vaya a casar, pero ya tengo el derecho de hacerlo como cualquier ser humano. No es que vaya a cambiar de identidad sexual, pero la ley me ampara para los trámites, si lo deseo. No es una revolución, pero el panorama de respeto a la equidad de género dio un vuelco en nuestra historia reciente por la decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación para que los gays puedan contraer matrimonio sin restricción constitucional en todo el país.

Una mandato que continúa los preceptos de Benito Juárez en la separación de la Iglesia con el Estado. Un marco de respeto por el que luchamos homosexuales y lesbianas desde los años 70 y que por fin tiene repercusión en la política nacional. Un mandato que superó expectativas y convierte a Occidente en ejemplo a seguir por el mundo árabe —y Rusia—, para que se libere de prejuicios a los machos heterosexuales y ya no asesinen a sus mujeres y gays que rompen leyes medievales.

En la marcha del domingo líderes históricos de la comunidad homosexual conveníamos que 2015 será uno de los años más simbólicos en la lucha del movimiento gay. Es volver a empezar. Derechos igualitarios sin preferencia sexual, sin intervención de las religiones, sin restricciones del gobierno para los derechos a la salud de las parejas de todo tipo. El espectro del país cambiará paulatinamente en cada estado de la nación, a pesar de la quejumbrosa Iglesia —y AMLO—, que perdió eco de antiguas guerras cristeras. México avanzó gracias a la decisión de la Corte…

Pero no tanto, ni crean que hay que sonar las campanas al vuelo. Es una simple modificación de las leyes para intentar acabar con los prejuicios sobre la sexualidad, no solo de los gays, no, de formas de vida en la familia, de la educación a los hijos, de la comprensión sobre el complejo ser humano y su sexualidad, de romper tabús de aquello que llamamos personal sobre usos y costumbres en el sexo, a fin de respetarnos en nuestras múltiples diferencias.

La decisión de la Corte es apenas el paso para que a las autoridades que correspondan amplíen sus criterios sobre la vieja frase militante de los 70: “No hay libertad política si no hay libertad sexual”. El movimiento feminista, gay, lésbico y lo que sume estará atento al respeto irrestricto para que todos podamos ser libres en nuestra vida sexual. Valió la pena marchar desde 1979, a pesar de que —lo repito—, no me piense casar.

braulio.peralta@milenio.com

http://twitter.com/Braulio_Peralta

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