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La letra desobediente

EPN, laico

Braulio Peralta

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El movimiento homosexual y lésbico en México vive asombrado con la noticia que desde la Presidencia se apoya la igualdad de género en todos los ámbitos. La Iglesia católica también. Pero no Benito Juárez. Enrique Peña Nieto dio un giro de 360 grados al ejercer la corrección política, histórica, de un Estado laico que debe ver por todas y todos los mexicanos, sin excepción.

No es de gratis. Desde antes de ser México, Salvador Novo afirma en Las locas, el sexo y los burdeles, los crímenes de odio. Nezahualcóyotl, el poeta, era homofóbico. "Que si se averiguase ser algún somético, muriese por ello", decreta. En la Colonia, la Inquisición fue implacable contra homosexuales. Escribe Novo: "había dos hermosos quemaderos. Uno al costado poniente de la entonces pequeña Alameda, y otro en San Lázaro... En San Lázaro se rostizaban sométicos". Nadie lo dude: es la misma Iglesia que hoy se lanza contra iniciativas del presidente Peña Nieto.

En siglos homosexuales y lesbianas han luchado por sus derechos humanos. Pasó el año de 1901 en que 41 maricones —escribe Carlos Monsiváis en Que se abra esa puerta— "gracias a la cultura popular, la redada persevera en la memoria colectiva, y los grabados de José Guadalupe Posada fijan las imágenes del acontecimiento, la reunión de 'fenómenos', donde los caballeros burdamente travestidos, con todo bigote y patillas, bailan rumbo a la picota social".

Lo de hoy no es un regalo: desde 1978 es visible la lucha de homosexuales y lesbianas contra una Iglesia católica que ha estado contra la igualdad de derechos con el mundo heterosexual. Los gobiernos en turno han solapado ese poder eclesiástico. Las familias han despreciado a sus hijos, diferentes, por prejuicio y homofobia. Hoy un estado laico al mejor estilo democrático quiere cambiar la situación, con beneplácito internacional. No nos equivoquemos nadie, busquemos en la historia.

Enrique Peña Nieto rompió sus propios prejuicios he hizo lo debido al mando del Ejecutivo (ni siquiera creo que piense como persona lo que hizo como mandatario, pero eso no importa). Son días históricos los que vivimos. Días de crecimiento civil. Hay que darle muerte al victimismo y enfrentar éticamente, en guerra con ideas, a los verdaderos enemigos, no a los que brindan la oportunidad de sumarnos en la lucha contra la homofobia.

Esta vez, iglesia y familia tradicional, perdieron.

Era hora.

Twitter: @Braulio_Peralta

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