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Lunes , 10.12.2018 / 21:39 Hoy

La letra desobediente

El gran Rius

Braulio Peralta

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Ariel Rosales fue editor de siempre de Rius, desde los tiempos en Editorial Posada hasta los libros en Grijalbo. Una historia que tendría que contar Ariel en algún momento de su vida. No anécdotas, sino del hombre que logró maleducar a los mexicanos con usos y costumbres de la vida política con perspectiva de izquierda, incluida la panza y sus alimentos. Para sus adeptos, su obra es la enciclopedia nacional.

A Rius lo conozco por su obra, primero, y después por el periodismo al que incursioné al finalizar los 70. Era mole de las redacciones de los diarios y revistas en México. Era protagonista de la vida pública. Era un líder por sus opiniones y, sobre todo, sus dibujos y cartones donde los políticos eran la vergüenza de la nación: por sus actos, por sus robos al erario, por su valemadrismo frente a la violencia, la educación y la ética. Era el maestro sin cátedra.

Lo miraba pasar a la oficina de Ariel Rosales y siempre nos saludamos con afecto. “Un día haremos un libro juntos”, me dijo. “Pues ya faltan cinco años para los aniversarios de la lucha independentista y de la Revolución mexicana, 200 y 100”, le contesté. Sonrió. No puedo olvidarlo porque salí de Random House Mondadori y me fui a trabajar a Planeta: allí me fue a buscar el monero para llevarme el libro que publicamos en 2010: Ni Independencia ni Revolución, del que se vendieron más de 70 mil ejemplares solo ese año. Un día llegó muy orondo diciendo que habían pirateado su libro, sin molestia por sus derechos de autor perdidos. “Que se lea es lo mejor”, sentenció.

Coleccionista de sellos postales. Decía que Alfonso Arau no pagó derechos de autor por filmar la película Calzonzin inspector, basada en sus monitos de Los supermachos. Afirmaba que sacaron la edición de Los judíos, en circulación, por presión de esa “poderosa comunidad”: asunto que le molestó muchísimo (¿harán una nueva edición en reivindicación de quien murió el pasado 8 de agosto?). Fue antipriista y comunista hasta su muerte. Tuvo diferencias con la comunidad homosexual por sus cartones donde los gays son amanerados, pero no creo que haya sido homófobo.

Enorme aprecio para él y su familia, a quienes conocí en diversas ocasiones. Odio las notas necrológicas, pero con el gran Rius no resistí recordarlo para no olvidarlo.

TRASPIÉ: Lo bueno es que a mí no me gusta la música de banda ni el futbol y por eso pido esclarecimiento de los hechos: Rafael Márquez y Julión —acusados de lavado de dinero— sufren las consecuencias del éxito sin planeación y atención de sus asesores. Vaya tiempos los que vivimos.

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