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Domingo , 23.09.2018 / 04:08 Hoy

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¿Qué hacer con los partidos políticos?

Bernardo Barranco

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La democracia mexicana apostó por el sistema de partidos políticos. Las reformas tendían a fortalecer los partidos como instituciones nodales de la sociedad, como entidades de interés público que promovieran la participación ciudadana en la vida democrática, la representación nacional y hacer posible el acceso de éstos al ejercicio del poder público.

Sin embargo, la elección del primero de julio, la ciudadanía ha castigado de manera severa a la clase política, a sus partidos y ha cimbrado el sistema de partidos. En suma se experimenta un colapso del sistema de partidos que caracterizó la transición a la democracia. Hay una profunda decepción ciudadana al desempeño de las dirigencias y militancias partidistas. Dirigentes corruptos, trepadores, mercaderes y sin principios éticos. Las reformas políticas que los mismos partidos promovieron, los dotaron de cuantiosos recursos que deformaron la función político social que se esperaba.

Maurice Duverger en su clásico libro “Les partis politiques”, afirma la visión diametralmente opuesta para comprender la política. Para algunos, la política es esencialmente una lucha por el poder, que permite a los individuos y grupos, que lo poseen, direccionar a la sociedad y beneficiarse de ella. Para otros, la política es un esfuerzo por poner orden y justicia, con el poder del interés general y el bien común frente a la presión de reclamos específicos. 

Po tanto, un partido político es un grupo de ciudadanos que, comparten los mismos intereses, que se asocian en una organización con el objetivo de ser elegidos, para ejercer el poder y así implementar su proyecto político o un programa de gobierno común.

Las elecciones del 1 de julio marcan un parteaguas en la historia de los partidos políticos. El enojo social ha propiciado que AMLO, el candidato antisistémico que prometió cambios de fondo, detente la mayor concentración de poder, vía las urnas, que ningún otro presidente en el México moderno. Los partidos grandes como el PRI, PAN y PRD empequeñecieron notoriamente y los partidos chicos, la mayoría, quedaron en calidad de sectas. Muchos de ellos, en pugnas internas, están bajo la amenaza de desaparecer. Morena que cuenta con un amplio consenso, tampoco es un partido político, es una amalgama heterogénea de políticos experimentados provenientes de diversos partidos, por tanto, ni hay una ideología común ni comparten un programa o proyecto propio.

El riesgo de la concentración de poder y neo autoritarismo es latente: ¿Un gobierno sin contrapesos es necesariamente antidemocrático? ¿Habrá manera de reconstruir un nuevo sistema de partidos? ¿Eliminar los vicios y deformaciones? ¿Se podrá abrir un compás políticamente virtuoso?

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