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Miércoles , 18.07.2018 / 19:17 Hoy

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Obispos: cambios y continuidades

Bernardo Barranco

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La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) reeligió como su presidente al cardenal José Francisco Robles arzobispo de Guadalajara por tres años más. En cambio reemplazaron a Eugenio Lira Rugarcía por Alfonso Miranda como su secretario general y a Ramón Castro obispo de Cuernavaca como su tesorero.

Los nuevos acomodos en la cúpula de la jerarquía católica, sobre todo el de Eugenio Lira, responden a malestares y fricciones que tuvieron los obispos durante la visita del Papa Francisco a México. El mayor reproche a Lira fue haber concentrado demasiadas funciones y decisiones en la organización de la visita. Pero sobre todo su protagonismo mediático. La cercanía de Lira con el nuncio Christophe Pierre ahora no le ayudó para seguir su vertiginosa carrera en el Episcopado Mexicano. También se prevé que en poco tiempo el nuncio francés deje México después de nueve años de servicio diplomático. Sandro Maggister, vaticanista italiano del periódico La República, afirmó que Christophe Pierre será nuncio en Washington

La ratificación de Robles al frente de la CEM se debe al respeto de su investidura cardenalicia porque hasta el momento no ha tenido ni el liderazgo ni la pericia en la conducción de la CEM. Muchos observan que apenas puede con la arquidiócesis tapatía donde hay muchas resistencias entre sacerdotes y sobre todo la sombra amenazante del cardenal en retiro Juan Sandoval Iñiguez quien quiere seguir gobernando una arquidiócesis que por derecho canónico ya no le corresponde. En el caso de Ramón Castro, obispo de Cuernavaca, ahora como tesorero general, se entiende su cobijo institucional, pues ha tenido serias discrepancias no solo con el gobernador Graco Ramírez sino con sectores acechantes del crimen organizado

Sin embargo, dichos cambios son superficiales y secundarios. El verdadero reto que tienen los obispos mexicanos en este momento es la respuesta a los desafíos que el Papa Francisco sembró en su memorable mensaje en catedral el pasado 13 de febrero, durante la visita a México. Ahí les pidió mayor pastoralidad y menos imbricación con los poderes seculares y económicos del país. Ser más evangélicos, optar por los pobres y abandonar las posturas de príncipes por la de servidores. Una vuelta al evangelio. Por ello, los obispos están obligados alentar una conversión pastoral que debe no solo revisar la eficacia de las instituciones y estructuras, sino revisar la eficacia de su presencia en los tejidos sociales. Algunos obispos señalan que la Iglesia debe recuperar terreno el mundo obrero, campesino, en los espacios educativos, intelectuales, culturales y sobre todo del mundo de la política.

El gran perdedor desde la elección de Francisco como pontífice, hasta la reciente visita, es el cardenal Norberto Rivera. Su ascendencia y liderazgo se han derrumbado. Sus posturas son anacrónicas, arrastra serios señalamientos de encubrimiento a curas pedófilos. Se le reprocha simonía y haber negociado la nulidad del sacramento del matrimonio de Angélica Rivera y ahora convertirlo en un problema de Estado. Su salida es inminente en 2017 así como se han desatado las ambiciones sucesorias.

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