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Martes , 19.06.2018 / 10:33 Hoy

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Los pecados electorales del Padre Solalinde

Bernardo Barranco

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Era invierno de 1974, un grupo de estudiantes universitarios guiados por jesuitas, realizábamos un trabajo de base y de pastoral con campesinos pobres en San Juan de las Huertas, en el municipio de Zinancapetec. Llegar ahí era una odisea por el rústico transporte entre canastas y pollos que te picaban los talones. Eran tiempos del gobernador Carlos Hank González, el mismísimo profesor. Los caciques del pueblo, al estilo Canoa, vieron como intrusos a los jóvenes defeños y de repente parte del grupo fue retenido por la policía y llevados a los reparos de Toluca. Había desesperación entre nosotros y el párroco del pueblo, buscó a un amigo sacerdote. Era Alejandro Solalinde quien pronto se comunicó al poderosísimo arzobispo Arturo Vélez y de inmediato los jóvenes fueron liberados. Delgado, distinguido, con sweaters al estilo César Costa el joven sacerdote Solalinde se hizo nuestro amigo. Quien iba imaginar toda la relevancia que adquiriría después por la defensa de los derechos humanos, la protección de los indocumentados centroamericanos y lucha contra las rapaces autoridades tanto de Oaxaca como instituciones federales. Ese sacerdote entusiasta enfrenta hoy, a sus 72 años, el azaroso sistema de justicia electoral del estado de México. Mañana está citado en las oficinas de la secretaría general del IEEM. Enfrenará un procedimiento sancionador que le imputa supuestos actos de proselitismo electoral en favor de Morena. Un pésimo cálculo político del PRD pues entrega a un amigo cercano, al menos hasta hace muy poco tiempo, a la suerte del sistema mexiquense con quien tiene cuentas pendientes. Sobre todo por su persistente crítica al gobierno de Enrique Peña Nieto. En segundo lugar, el sistema electoral encara una de las figuras más notables de la iglesia, por su defensa de los inmigrantes. En Centroamérica le llaman el padre Sol o el "Romero mexicano", en referencia a Oscar Arnulfo Romero el legendario arzobispo salvadoreño asesinado arteramente.

Así ha sido la vida de Alejandro Solalinde, envuelta en polémicas y torbellinos. Ha enfrentado a capos de trata, a bandas de narcotráfico, ha librado linchamientos encabezados por el presidente municipal; amenazas de muerte, exilios forzosos. Ha enfrentado a la misma jerarquía eclesiástica que desaprueba su protagonismo y continuamente le descalifica. Alejandro Solalinde, ilustre mexiquense, es un hombre de fe, cuya fuerza y resistencia radica en el Jesús histórico, en aquel que vino atormentar a los poderosos y consolar a los débiles. Creo, que escalar la querella electoral contra Solalinde tendría costos muy altos. ¿Lo resistiría el tenso clima pos electoral? Por ello, la Fepade ya se desmarcó.

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