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Sábado , 21.07.2018 / 14:49 Hoy

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La laicidad según Roque Villanueva

Bernardo Barranco

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Las notas periodísticas han resaltado una empobrecida noción de laicidad del subsecretario de Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación, Humberto Roque Villanueva. El 20 de agosto afirmó: "Ese es el sentido de la laicidad del Estado Mexicano: libertad religiosa sin ofender a nadie". Visión limitada. La laicidad del Estado mexicano descansa en la histórica separación entre las iglesias y el Estado, la libertad de creer o no creer y la equidad.

En otra afirmación errática, Don Roque sentenció al Financiero que el debate sobre los matrimonios igualitarios se genera en el terreno del dogma y no del político. Sin embargo, el discurso homofóbico católico incide en fomentar el odio a las minorías homosexuales contraviniendo el artículo primero de la constitución mexicana sobre los derechos humanos.

El subsecretario nos aclara que este tema dogmático incluye a todas las iglesias de denominación general cristiana: católicos, cristianos, evangélicos y ortodoxos. Falso. Hay iglesias evangélicas, como La Luz del Mundo, que sin estar de acuerdo con los matrimonios gay respetan la decisión de matrimonios igualitarios.

Al interior mismo de la Iglesia católica hay numerosos posturas. El jesuita David Fernández, rector de la Universidad Iberoamericana, sostuvo que "la postura antigay del Episcopado no es cristiana". Al interior de la propia arquidiócesis el sacerdote Álvaro Lozano, de la Comisión de Cultura, pidió perdón a homosexuales manifestantes y de inmediato fue descalificado por Hugo Valdemar mediante comunicado de prensa. Seguramente Roque Villanueva desconoce también los planteamientos mucho más mesurados del propio Papa Francisco.

También el funcionario indica que las iglesias no pueden tener una actitud proactiva como señala el artículo 130 constitucional cuando se trata de atacar a una ley o a una institución del país, pero en este caso la reforma constitucional no está promulgada, por lo que se tiene todo el derecho a manifestarse y opinar tan abiertamente como lo puede hacer también la comunidad lésbico gay. Sin embargo, el señor subsecretario debe advertir a los manifestantes católicos que en la Ciudad de México, Quintana Roo, Nayarit, Coahuila y Morelos reconocen legalmente el matrimonio a la unión de dos personas del mismo sexo. ¿Ahí las manifestaciones de las agrupaciones conservadoras estarían en falta constitucional? ¿La gran marcha nacional del 14 de febrero en la Ciudad de México contraviene las leyes de la capital?

La postura del ex presidente del PRI jurídicamente es insostenible. Solo tiene una explicación política: la moderación. Más cuando afirma que las autoridades tienen que ser cuidadosas en "la aplicación de la ley para no ocasionar un mal mayor, sobre todo si esa interpretación resulta ser caprichosa".

El gobierno no quiere entrar a la arena y pelearse con la Iglesia. Se entiende, ahora que la estabilidad social puede debilitarse; Peña Nieto enfrenta muchos frentes políticos como para que el Episcopado abra con fuerza y, al estilo de la CNTE, tome las calles y empiece a hacer presión social. Sin embargo, el gobierno está tolerando abrir la jaula donde habita la ultraderecha católica intolerante y fascista.

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