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Martes , 13.11.2018 / 21:15 Hoy

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La criminalización de los migrantes

Bernardo Barranco

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El mundo afronta la crisis humanitaria de los grandes flujos migratorios. Donald Trump ha fomentado su criminalización como estrategia de campaña en estas elecciones intermedias. Con mentiras provoca temor hacia los migrantes y sus derechos. No es el único, en Europa diversos países han radicalizado posturas ultranacionalistas que propician el rechazo a migrantes de África. La caravana de hondureños que han llegado a nuestro país, es resultado de una severa crisis que vive aquel país centroamericano, muy escaso crecimiento, una pequeña élite favorecida y décadas de corrupción e impunidad. Se trata de un drama humano y un llamado a la emergencia que involucra a México, a la sociedad internacional y principalmente al gobierno hondureño.

Casi el 70% de los nueve millones de habitantes en Honduras vive en condiciones de pobreza. Los migrantes no solo huyen de la pobreza sino de la violencia. Honduras vive alta descomposición, con una tasa de homicidios de 43 por cada 100.000 habitantes, es considerado como uno de los países más violentos y corruptos del mundo.

La migración es un fenómeno complejo que rebasa la movilidad humana. Sus causas de fondo: la pobreza, la injusticia y la falta de oportunidades. Encaja no solo el enfoque de derechos humanos sino de la ética cristina: todas las personas son hijos e hijas de la tierra y por tanto de la casa común. Nadie tiene la facultad de rechazar la condición humana por causas de seguridad nacional, raza, cultura, credo ni posicionamientos electorales. El Estado mexicano debe dar una respuesta cálida y protectora como principio republicano. Así mismo, las instituciones religiosas, no sólo la católica, tienen la obligación moral de afrontar los derechos humanos de los migrantes porque son parte de la familia humana. El papa Francisco, desde que visitó Lampedusa en 2013, no ha dejado de denunciar las violaciones escalofriantes a los derechos de los migrantes, especialmente en Europa. Sus posturas han incomodado a gobiernos y a las propias derechas cristianas. En su visita a México en 2016 marcó tajantemente su distanciamiento del entonces candidato a la presidencia Donald Trump, diciendo en el vuelo a Roma: “Una persona que piensa sólo en hacer muros, sea donde sea, y no hacer puentes, no es cristiano. Esto no está en el Evangelio”.

El éxodo es símbolo del fracaso de una política económica de exclusión social. Trump amenaza con reprimir.

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