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Sábado , 23.06.2018 / 18:11 Hoy

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La confianza fracturada

Bernardo Barranco

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A dos años de la presente administración, la liturgia sigue siendo la misma. Un presidente arropado por los poderes, anunciando medidas poco convincentes que plantean dudas y hasta temores de un liderazgo venido a menos.

El mensaje a la nación, las diez medidas anunciadas el 27 de noviembre, poco abonan para enfrentar la inseguridad y recuperar el llamado Estado de Derecho. El discurso del presidente privilegia los verbos en tiempo futuro. Cero autocrítica, ninguna mención al escándalo de la "Casa Blanca" y los conflictos de interés. No enfrentó la impunidad que empieza con el propio ejemplo.

Este vacío muy probablemente restó la veracidad esperada. Se ahonda la crisis de credibilidad que amenaza la legitimidad del sistema político mexicano y del propio presidente. Ayotzinapa desnudó la incompetencia de los liderazgos. La tragedia humana ha mostrado una profunda descomposición política, social y moral de nuestras instituciones.

Los cuerpos policíacos, el ejército, partidos políticos, procuradurías de justicia, aparatos de inteligencia, gobierno estatales, municipales y federal, tienen una delicada responsabilidad, y su actuación, por omisión o comisión, configuran ya, como un fracaso mayúsculo del Estado mexicano. Pero rehabilitar al Estado exige, en primer lugar, trascender los enfoques simplistas. Ya nada será igual. Esperamos que el presidente se reinvente. El tránsito de los cuatro años por venir se antojan complejos. La imagen de México en el exterior está deteriorada como nunca. El asunto no es menor porque ya tiene repercusiones en la inversión extranjera que es una de las grandes apuestas del gobierno para alcanzar mayores tasas de crecimiento. Por ello insisto, no bastan cambios cosméticos ni mediáticos, propuestas faraónicas de papel, ni promesas retóricas de cambio.

El Estado ha mostrado ya signos de debilitamiento y de deconstrucción que justifican cirugías mayores. Confeccionar un Estado de Derecho, representa por lo menos dos retos: la cohesión y la inclusión social. Romper con la lógica de una sociedad dualista. Ninguna salida importante se puede concebir sin la movilización de la sociedad civil que hoy ha demostrado su rechazo y se expresa desconfiada, en extremo, de la honestidad de la clase política.

El tema de la "Casa Blanca", y el conflicto de intereses con Grupo Higa, deben esclarecerse cabalmente como lo demanda la sociedad. Por ello, Peña Nieto deberá recuperar el capital social de la confianza. Porque como señala Jesús Silva-Herzog Márquez: "El escándalo no se irá porque no es un escándalo, es una crisis. Porque el núcleo de la afrenta presidencial toca la raíz de nuestra tragedia mexicana".

La paz y la reconstrucción de un Estado de instituciones democráticas pasa inevitablemente por la confianza, siguiendo a Francis Fukuyama en su libro Trust, sostiene que solo aquellas sociedades que presentan un alto grado de confianza son capaces de crear prosperidad y organizaciones sociales y comerciales capaces de competir en la economía global. Ningún proyecto económico tendrá éxito sin la legitimidad que genera la confianza social. La mayor desestabilización a un país y su democracia, es la desconfianza y deconstrucción de sus liderazgos.

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