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Lunes , 24.09.2018 / 11:34 Hoy

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De la percepción presidencial a la protesta

Bernardo Barranco

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En un discurso de 8 minutos, en el marco de la promulgación de las leyes que conforman el Sistema Nacional Anticorrupción, el presidente Peña Nieto pidió perdón a los mexicanos por la percepción que se generó por la compra de la llamada "Casa Blanca". Un perdón insuficiente, tal y como lo anoté en mi anterior colaboración, y ha provocado contrariadas reacciones, especialmente la siguiente afirmación: "además de ser responsables de actuar conforme a derecho y con total integridad, también somos responsables de la percepción que generamos con lo que hacemos". Los reproches ha surgido porque el presidente se instala en el terreno de la percepción y da por descontado cualquier ilícito en tráfico de influencias y conflicto de interés. Numerosas voces cuestionan cómo se compra un inmueble a una constructora favorecida con diversas concesiones de obras públicas desde que era gobernador del Estado de México y ahora también a nivel federal. Compra al propietario, un amigo cercano como es Hinojosa Cantú. Un pequeño grupo de comentaristas aplaudió el gesto, los llamados voceros oficiosos. Mientras de manera apabullante las redes sociales bullían, desaprobando el lance del presidente. No solo no se aceptaba el perdón sino demandaban una verdadera investigación judicial. A nivel internacional los principales medios impresos y electrónicos revivieron los resultados bochornosos de la investigación de Carmen Aristegui ahora condensada en el libro llamado: "La Casa Blanca de Peña Nieto" de Grijalbo.

Las redes sociales han hervido de indignación y ahora la percepción se ha convertido en un boomerang peligroso. Una avalancha desfavorable. La crítica se ha ensanchado aún más, evidenciando una estrategia fallida de reparación de daños a la imagen de un presidente devaluado.

La percepción es una primera aproximación de la realidad que tenemos. Según la teoría de la recepción, la percepción son los primeros estímulos, objetivos y subjetivos, que constituyen los conocimientos previos de la realidad. Para la corriente constructivista la percepción es un acto incluso desordenado de apropiación cognoscitiva de una realidad inicial y por tanto puede ser subjetiva ya que es una aproximación intuitiva que posteriormente irá ordenándose con diferentes informaciones para construir una idea más sólida de la realidad.

El presidente no solo no ha resuelto una percepción de comportamiento dudoso en términos éticos sino que se le reclama la reparación de una falta grave, independientemente de las acciones y medidas concretas contra la corrupción y la impunidad de la clase política.

No puedo encontrar reflexión más elocuente de la formulada por Beatriz Pagés, priista de toda la vida, sobre el tema: "El perdón del Presidente de la República por la llamada Casa Blanca tuvo como propósito recuperar la aceptación y popularidad que han perdido él y su gobierno... El problema central es de credibilidad, y la credibilidad no necesita de maquillaje, de costosa y relumbrante parafernalia, de spots y reflectores. La credibilidad requiere de decisiones claras, contundentes y de congruencia, lo cual al final del día es lo más importante."

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