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Sábado , 26.05.2018 / 09:44 Hoy

Del plato a la boca

No hay tamal que por bien no venga

Benjamín Ramírez

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Podemos decir que el gusto por los tamales nos viene desde la época prehispánica, aparentemente en toda celebración religiosa se acostumbraba consumir tamales, formaba parte de los platillos de celebración a tal grado que ni la evangelización logró eliminarlo de entre sus elementos.

Una muestra más que evidente es el "Día de la candelaria", donde, el afortunado en haber encontrado al niño Jesús, también llamado como muñeco o mono, en la rosca de reyes, tendrá como manda ofrecer el 2 de febrero tamales a sus allegados, ya que se le considera el padrino del niño Jesús, y justo este día es la presentación del mismo ante la iglesia católica.

Retomando el tema de estos panecillos de maíz, su versatilidad puede ser el motivo del gusto nacional, pues los podemos encontrar con diversos rellenos, colores, sabores, formas y tamaños; en las crónicas de Sahagún los definía como panes que se cocían bajo tierra, se le podía ver rellenos de rana, o pescado, aderezados con salsa de chiles, o ají molido, tomates, pepitas, etcétera. Como dato específico, hace unos años aún era común encontrar los tamales de rana y de charales en la capital del estado (Toluca), ahora sólo se llegan a ver en algunos mercados como el 16 de septiembre.

No podemos decir si como resultado de la divulgación de la religión católica a lo largo y ancho del país, el tamal, llegó a todos los rincones del país, especialmente el norte, o que ya este contaba con numerosa popularidad, lo que si conocemos hasta nuestros días es que podemos encontrar tamales que van desde los típicos, verde, rojo, rajas y dulce, hasta los rellenos de camarón, de amplia aceptación en Nayarit.

Aunque eso no es todo, la globalización de sabores, estilos y fusiones no traen sorpresas que para los puritanos tamaleros puede ser una cachetada, mientras que para los modernistas significa la entrada a nuevos mundos; estos son los tamales de mil y un sabores o rellenos. Y es que, al parecer, no sólo las francesas crepas pueden sonar rimbombantes, pues ya existen tamales de queso crema con zarzamora, con nutella, con cochinita pibil, entre otras extravagancias.

Esto podría abrir la puerta a amplias discusiones en torno a la integridad tanto de los tamales como de la cocina mexicana, pero, sin embargo, tendríamos que comenzar por comprender que toda cocina y toda gastronomía nace o se desarrolla en un entorno de fusiones, combinaciones e introducción de ingredientes que en ocasiones no pertenecen ni siquiera al mismo continente. Por lo que esta modernización en la elaboración de los tamales sólo podrá ser entendida como la apertura a nuevos mercados, grupos o, simplemente, a la variación en el ya amplio mundo del tamal.

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