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Domingo , 27.05.2018 / 04:50 Hoy

Del plato a la boca

La evolución de la clase

Benjamín Ramírez

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Al inicio de los tiempos, los depredadores cazaban a sus presar desde puntos ocultos, los observaban durante tiempos prolongados para conocer sus movimientos, poco a poco los estudiaban, comprendían y deducían sus movimientos, al final del análisis sabían cuál era la presa más débil, en un salto voraz se avasallaban sobre esta. Un golpe, una mordida, una estrangulación, todo estaba permitido. Al final sólo quedaban trozos esparcidos, huesos y entrañas como festín para los carroñeros. Sin lugar a dudas no había modales, no había servilleta, pausas entre cada bocado y mucho menos instrumentos para alimentarse.

La aparición del hombre y su "evolucionado" cerebro, permitió crear reglas, modos y modas, entre otras cosas. Como fuimos evolucionando las necesidades se volvieron más complejas, de repente aparecían instrumentos para satisfacer nuestros requerimientos, en especial las de la realeza, y nuestros modos se fueron consolidando. En esta etapa de la sociedad, los alimentos eran consumidos con un par de enseres otorgados por la naturaleza, las manos. Estas extremidades, con sus cinco dedos articulados, nos permitían tomar, trocear, partir, entre otras cosas. Aunque, al final de cada alimento, nuestras manos eran un bodrio.

Se dice que en el siglo XI apareció, en el reino Bizantino, un pincho; la historia cuenta que la princesa Teodora, hija del emperador Constantino Ducas, mando elaborar un instrumento para poder llevar los alimentos a la boca sin necesidad de usar los dedos y, mucho menos, ensuciárselos. Este "pincho" sería considerado como el tatarabuelo del tenedor y, entonces, vendría de Constantinopla. Al contraer nupcias la princesa Teodora con Doménico Selvo, hijo del Gran Duque de Venecia, se buscaría introducir el tenedor, pero este ya sufría de un rechazo previo en su lugar de origen.

Al parecer, la falta de pericia, lo peligroso que resultaba y hasta una relación con figuras diabólicas, hicieron que el tenedor fuera condenado por muchos años. El Rey Enrique III probaría suerte en las cortes francesas, en el año 1574 o 1589 aproximadamente, utilizaría una nueva versión de aquel "pincho", con dos puntas y un mango más amplio. A partir de ese momento el rey lo colocaría entre las buenas maneras de la mesa; cabe recordar que en aquella época los platillos eran presentados con la intención de que sus comensales no tuvieran que utilizar las manos, aparentemente lo veían impuro, pues una imagen pulcra y limpia eran esenciales en las cortes.

Aunque, de manera generalizada, el tenedor comenzó su apogeo en Europa hasta el siglo XVII y XIX, pero existían regiones donde ya se utilizaban instrumentos que cumplieran la misma función. Resulta interesante saber que un utensilio tan común en nuestra mesa, tenga tan pocos años de vida, y como el uso de cubertería pueda simplemente significar nuestro alejamiento con el contacto directo, aunque para la gastronomía mexicana lo mejor es usar las manos.

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