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Jueves , 21.06.2018 / 13:36 Hoy

Del plato a la boca

Juego de niños

Benjamín Ramírez

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Un plato blanco, de cerámica, la pieza de pollo, o res por este lado, un puré de papa por acá, espolvoreado con nuez moscada y un trozo de perejil, una guarnición de verduras al vapor en este otro lado y por último salsearemos la carne con una salsa bechamel, finalmente limpiaremos el plato para que luzca la losa y nuestra obra quede limpia, perfecta, toda una exquisitez de la gastronomía. El mundo actual está teniendo un acercamiento más acelerado con este tipo de lenguaje y expresiones, los reality shows se han encargado de mostrar como "puede ser" una cocina de cualquier restaurante, los retos, egos, altercados y éxitos de dichos establecimientos, además del sadismo con el que trabajan ciertos jefes de cocina. Pero como siempre la televisión es una pantalla, antes caja, que nos puede sorprender, o engañar, acerca de lo que es real, o simplemente nos difiere un tanto a los hechos desviando nuestra atención.

Tomemos como ejemplo aquellas versiones de estos realitys, donde niños demuestran a los espectadores y televidentes sus habilidades en la cocina, o en su manera de bailar o hacer parodias, etcétera, nos maravillamos de cómo pueden realizar actividades o imitaciones tan similares a la de los adultos. Y ahora nos detenemos, y planteamos la siguiente pregunta: ¿Cuál es la concepción de la cocina para un niño de la vida real?

Abrimos todo un universos de imágenes, símbolos y percepciones, donde lo dulce es dicha y lo amargo desencanto, donde una tostada con caviar se resume a bolitas negras y que además para nada son lo mejor del mundo, pero que, caso contrario, un plato de sopa de letras o municiones tiende a cambiar de significado con el paso de los bocados, desde un avión cargado de un sinfín de cosas, hasta un arsenal con el cual desafiar a cualquier imperio (experiencia personal); esta capacidad de asombro que invade a cualquier infante al llevarse algo a la boca podría ser el motivo perfecto para, por ejemplo, buscar dar una orientación mejor de cómo nutrir a una niña o niño, evitando que caiga en el interés por los dulces procesados, y previniendo el rechazo por las verduras o las frutas, combatiendo a los ya agobiantes hoy en día problemas de obesidad infantil, hiperactividad por consumo de azúcar, etcétera. Al final la idea es aplicar la imaginación al plato, donde una ensalada pueda ser vista como la jungla, el bosque o el parque y nosotros los India Jones en busca del tesoro perdido, transformando un juego en algo que además no podemos comer.

Partiendo de lo excéntrico y refinado de la gastronomía, con sus salsa, términos y clases, atravesando el glamur y fama de lo exhibido en la televisión, para asentar en la realidad, en aquella que si es indiscutible, pero que además al agregarle el sentido básico y puro de un niño puede cambiar por completo, tanto la percepción del adulto como la alimentación del pequeño.

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