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Martes , 23.10.2018 / 07:32 Hoy

Del plato a la boca

El mercado de lujo

Benjamín Ramírez

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Al término de la Segunda Guerra Mundial se gestarían un sinnúmero de innovaciones a nivel empresarial, pero, específicamente en el tema de la distribución y abasto de los alimentos ésta tendría un gran avance. Si bien durante los años bélicos la química en alimentos mejoró en los enlatados, sellados y deshidratados para llevarlo a los campos de batalla, con el cese al fuego toda esa tecnología no podía quedarse inmóvil, pronto las, ahora llamadas, cadenas de suministro se hicieron ver y los productos culminaron colocados muy "monamente" en un estante.

Así llegaron, los supermercados, la ciudad de México pronto conoció los beneficios de la modernidad, colonias como Polanco, Anzures y Del Valle, serían las seleccionadas para la apertura de tiendas como Sumesa; y, a pesar de que tanto en el país como en la capital los referentes del comercio de alimentos estaban depositados en los mercados, misceláneas y tiendas de abarrotes, éstas habían sido desarrollados en la época Porfiriana, por lo que tanto en estructura como en higiene requerían una renovación pronta, la cual se vería durante la gestión como regente del Departamento del Distrito Federal de Ernesto Uruchurtu, quien desarrolló la construcción de mercados como se conoce actualmente.

Por otra parte, los supermercados ofrecían una relación cliente-producto que no se había visto; al caminar por los pasillos uno podía tomarlos, conocer sus características y compararlos con otros, de igual manera acudía al área de frutas y verduras en donde podía seleccionarlas, mientras que los cárnicos y embutidos ya estaban empaquetados y contenían una etiqueta con el precio. Para continuar con la comodidad se disponía de un carrito, donde uno podía depositar las mercancías para su fácil traslado hasta las cajas.

Ante tal éxito, otras empresas aparecieron, o se expandieron, a finales de la década de los cincuenta, ampliando de igual forma los bienes a ofrecer; casos como el de Aurrera y Comercial Mexicana, conocidos por la venta de telas y camisas, o Gigante; que combinaron la venta de víveres con artículos para el hogar y ropa.

Aunque parezca trillado, pero, los supermercados y los mercados aún siguen guardando, celosamente, sus elementos característicos; dentro del imaginario colectivo los mercados siempre serán símbolo de frescura, de frutas y verduras recién cosechadas y de cárnicos directos del rastro; mientras que los supermercados tendrán el emblema de productos novedosos, de fácil preparación y relativa limpieza en sus instalaciones. Y aunque ambos siempre estén en un constante discurso de mejora siempre estarán bajo el ataque de plagas, en los mercados, y productos químicos, como los conservadores, en los supermercados.

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